Alex Courant
Poeta adicto al portal
Un cigarro en el plato,
tú, dormida, entre sábanas blancas.
Desentiende la noche su resaca,
como objeto invisible, como tú,
prohibida luna de plata.
Secreta y justa para el insomnio,
en esta hora, la misma, misma cama,
lista para dejarte desnuda,
precisa para cobijarme en tu ala.
Mis ojos buscan a tus ojos, frágiles.
Desvestida, vistiendo a tus manos,
muy cercana a mí son indivisibles
los segundos, minutos y años.
Huelo a ti como huele la fruta,
madura y silvestre, en el prado.
Dices que tienes un aroma a otoño
y huye la primavera paso a paso.
Llego a la acera con siluetas humanas,
los animales llenan las calles
con la tristeza de quien se busca
una limosna dentro de las entrañas.
Ya me busco el dolor en el bolsillo,
a golpes hurgo entre las palabras,
mis manos las dejé sobre tu cuerpo
esta mañana, ahí, las dejé enterradas.
Pan y tostadas en la mesa,
el plato y el cigarro, a deshora.
Tu esposo llega.
Dale un poco del valium de tu tristeza
y que se joda.
.
tú, dormida, entre sábanas blancas.
Desentiende la noche su resaca,
como objeto invisible, como tú,
prohibida luna de plata.
Secreta y justa para el insomnio,
en esta hora, la misma, misma cama,
lista para dejarte desnuda,
precisa para cobijarme en tu ala.
Mis ojos buscan a tus ojos, frágiles.
Desvestida, vistiendo a tus manos,
muy cercana a mí son indivisibles
los segundos, minutos y años.
Huelo a ti como huele la fruta,
madura y silvestre, en el prado.
Dices que tienes un aroma a otoño
y huye la primavera paso a paso.
Llego a la acera con siluetas humanas,
los animales llenan las calles
con la tristeza de quien se busca
una limosna dentro de las entrañas.
Ya me busco el dolor en el bolsillo,
a golpes hurgo entre las palabras,
mis manos las dejé sobre tu cuerpo
esta mañana, ahí, las dejé enterradas.
Pan y tostadas en la mesa,
el plato y el cigarro, a deshora.
Tu esposo llega.
Dale un poco del valium de tu tristeza
y que se joda.
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