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Poeta recién llegado
Veinte mil copas
01 Agosto 2004
Veinte mil copas clavadas en mi pecho,
sentí,
cuando tus labios fermentaron el vino ácido
recorrido en tu silencio.
¡Cuando embriagado de ti corriste en mi verso,
y el poeta atormentado inhaló del cielo tu papel de viento!
Cuando sané agrio la herida
que siembra la flor de nuestro fuego
sucumbida, marchitada, por tu adiós.
Así expiró la tinta,
así expiró la mar de mis bestias hambrientas,
así quedé en tu adiós en la brisa,
en la brisa de nuestra corta tormenta.
Veinte mil copas sentí
cuando el ciclón de tus besos tuvo ausencia tocar en mi tierra.
Cuando, (y grito inevitable desde la ola ovalada
donde recorre para todo lo afuera
palabras tejidas en tus amadas sábanas etéreas):
¡Cuándo, cuándo naufragará tu barco en mis orillas,
en la esencia de la piel y la gota de mi agitada marea!
¡Que entretanto las copas se me quedan vacías
y mi lengua anuncia suicida probarte quimera!
Que mi alma llora alegría al soñarte gimiente
en mi abarco de costa playera.
Que el cielo se queda en penumbra con tu adiós
que solo me rueda y me rueda, y rueda sin fin
en la órbita de lo poco que queda
Oh, sin ti
¿Cómo acostaré mis ojos que sólo reflejan tus ojos
si al mirarte me veo en mí?
¿Cómo apostaré a la nada mi cuerpo
si te has robado su vivir?
Aunque mi fuego sigue ardiente entre sus llamas,
soltando pavesas para alcanzarte el alma,
te extraña mi piel que no reconoce sentir
Te extrañan todas las albas
¡Cuándo regresarás para mí,
mi amada!
Gino Alexander Amaya
01 Agosto 2004
Veinte mil copas clavadas en mi pecho,
sentí,
cuando tus labios fermentaron el vino ácido
recorrido en tu silencio.
¡Cuando embriagado de ti corriste en mi verso,
y el poeta atormentado inhaló del cielo tu papel de viento!
Cuando sané agrio la herida
que siembra la flor de nuestro fuego
sucumbida, marchitada, por tu adiós.
Así expiró la tinta,
así expiró la mar de mis bestias hambrientas,
así quedé en tu adiós en la brisa,
en la brisa de nuestra corta tormenta.
Veinte mil copas sentí
cuando el ciclón de tus besos tuvo ausencia tocar en mi tierra.
Cuando, (y grito inevitable desde la ola ovalada
donde recorre para todo lo afuera
palabras tejidas en tus amadas sábanas etéreas):
¡Cuándo, cuándo naufragará tu barco en mis orillas,
en la esencia de la piel y la gota de mi agitada marea!
¡Que entretanto las copas se me quedan vacías
y mi lengua anuncia suicida probarte quimera!
Que mi alma llora alegría al soñarte gimiente
en mi abarco de costa playera.
Que el cielo se queda en penumbra con tu adiós
que solo me rueda y me rueda, y rueda sin fin
en la órbita de lo poco que queda
Oh, sin ti
¿Cómo acostaré mis ojos que sólo reflejan tus ojos
si al mirarte me veo en mí?
¿Cómo apostaré a la nada mi cuerpo
si te has robado su vivir?
Aunque mi fuego sigue ardiente entre sus llamas,
soltando pavesas para alcanzarte el alma,
te extraña mi piel que no reconoce sentir
Te extrañan todas las albas
¡Cuándo regresarás para mí,
mi amada!
Gino Alexander Amaya