Vejez

licprof

Poeta fiel al portal
Era un pendejo hermoso, de pronto me mirè en un espejo (algo enmohecido realmente) y vi a un tipo grande, maduro, con grandes anteojos, canoso y despeinado, bien parecido al cientìfico loco.
El asunto no me gustò nada, evidentemente el tiempo habìa pasado volando, cada vez màs acelerado, y yo en la casa de siempre, en el espejo de siempre.
Me dije que superarìa este malhadado asunto con una vida sana, ejercicios fìsicos y escriturarios o simplemente poèticos, un poco de buena mùsica (digamos Bix) y otro poco de frutas y verduras (màs un poco de agua).
Pero la cosa seguìa dandome vueltas en la cabeza y ya nada podìa conformarme.
Me puse a escribir.
Al rato apaguè la computadora para comer unas galletitas dulces que quedaban mientras miraba televisiòn.
Vi varias pelìculas, un noticiero, una entrevista, un programa inclasificable, una narconovela.
Despuès me tomè la pastilla y me fui a dormir.
No recuerdo què soñè.
Me despertè en mitad de la noche como siempre y fui al baño.
Mirè por la ventana y vi la noche y la ciudad desnudas.
Y un silencio aterrador.
Nunca volverìa a ser el mismo.
Nunca volverìa a ser joven.
Todo habìa terminado para siempre.
Me sentìa el ser màs infeliz del planeta.
Solo en medio del universo.
Solo en medio de la nada y de la noche.
Me dieron ganas de tirarme por la ventana.
Pero volvì a sumergirme en la cama.
A la mañana me despertè y me peguè un buen baño.
Eso me hizo sentirme mucho mejor.
Volvì a prender el televisor.
Pero las noticias eran las mismas que machacaban siempre.
Estaba harto.
Me preparè un tè con limòn.


 

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