Martha Irene
Poeta recién llegado
El viento ruge, se escucha el lamento
del viejo roble, que soporta su ira;
en su angustia con tristeza suspira
por que siente que lo mata el tormento.
Sus ramas secas sus fuerzas han perdido
para luchar con tal inclemencia;
en su penar maldice su existencia
al comprender que lo tiene vencido
Parece llanto el vuelo de las hojas,
que deslizan al suelo con tristeza;
Pues al caer se siente la crudeza
del viento que impacible lo deshojas
En mi pecho yo siento el vendaval
de esta pasion, que el alma me condena;
desde que vi su mirada serena,
tan limpia como lucido cristal.
Cuando su boca aprisiono mi boca
con un beso que yo no esperaba;
senti de pronto mi sangre se enervaba
con una fuerza descomunal y loca.
La distancia nos tiene separados,
mas siempre sueño que volvere a verlo
apasionada en mis brazos tenerlo
y entregarme con fuegos desbocados.
del viejo roble, que soporta su ira;
en su angustia con tristeza suspira
por que siente que lo mata el tormento.
Sus ramas secas sus fuerzas han perdido
para luchar con tal inclemencia;
en su penar maldice su existencia
al comprender que lo tiene vencido
Parece llanto el vuelo de las hojas,
que deslizan al suelo con tristeza;
Pues al caer se siente la crudeza
del viento que impacible lo deshojas
En mi pecho yo siento el vendaval
de esta pasion, que el alma me condena;
desde que vi su mirada serena,
tan limpia como lucido cristal.
Cuando su boca aprisiono mi boca
con un beso que yo no esperaba;
senti de pronto mi sangre se enervaba
con una fuerza descomunal y loca.
La distancia nos tiene separados,
mas siempre sueño que volvere a verlo
apasionada en mis brazos tenerlo
y entregarme con fuegos desbocados.