Katia N. Barillas
Radio Cultural-Literario*Escritor*Poeta*Declamador
En el altar donde te venero
mis manos asidas a trozos de hielo
buscan tu conciencia...
enciendo el incienso, se queman los Cirios,
presento tu imagen al Cáliz del Lirio.
Bálsamo de almendras, Rosas, Jazmines,
capullos desnudos de las Primorosas
destierran del alma, indicios de ausencia
confusa, perdida, busco tu presencia.
Me persuade el humo que del incensario
se esparce muy lento...
devora, aviva, dibuja tu nombre,
fragancia sublime que encanta y agota.
Llama encendida, quemando mis labios
isla clandestina que emerge del mar;
amor traicionero, pérfido, banal,
agua enturbiada de un manantial.
Cien velas enciendo, cincuenta se apagan
invoco tu espíritu, viajero sin rumbo,
se moja mi almohada, son tantas las lágrimas
que rodando buscan tu abrigo en la cama.
Rústica ilusión, rendida pasión,
profano tus gestos con mi decisión;
y es que en el altar donde te venero
busco la manera de entablar contacto
evidencia ajena de carnal audacia
donde el higo verde se vuelve morado
árboles frutales, yacen madurados.
Indigna me siento, trémula, cansada
todos los recursos que lleven a tí, los he agotado...
¿ahora qué hago?
voy por la vereda en busca de un lago, quieto y transparente.
En el llano firme surge la borrasca
riscos aflojados, solos van cayendo
matando ideas, penas, glorias
también la verdad de toda esta historia.
Severa osadía del despojo humano,
éxtasis de arena fluye entre mis manos,
espigas de trigo, conchas, caracoles,
seta venenosa que juega conmigo.
De agravio frecuente, dolor en la carne
tus besos aún me arden;
desvarío intenso, sangre tormentosa,
me cuesta olvidar el sabor de tu boca.
Péndulo que gira como tantos soles
champagne y balada debaten la fe
que ha recubierto completa mi alma;
mi espíritu en pena se purga con llanto
y apaga su canto de tanto sufrir.
Algas refugiadas en mar sin remanso
¿por qué el destino se ensañó en mí?
parece que estabas amor en mis brazos,
cual perpétua llaga sangrando fogosa.
Ni altares, ni velas; ni fotos, ni agujas;
ni tanta porfía te harán regresar...
esculpí en ámbar tu imagen perfecta
igual que en mi mente, todo pensamiento,
eras en mis sueños, más que mil ideas
pero tú te fuistes y no habrá retorno,
ni licor, ni velas, ni el altar con fotos
harán que regreses.
Cuando te venero, siento que te alejas
triste cataclismo de esfuerzo frustrado,
alarido inmerso en todo este cuento.
Rehúyo y me alejo oculta en la noche,
la espuma y la arena enterró la flor
y aquéllos corales rojo carmesí
habitan con celo en el agua gris...
siento que se aleja ya de mí esta pena
que tanto me engaña y me hace sufrir.
Vacilo un momento de frente al altar
apago el incienso... el Cáliz del Lirio
que ahí te llevé, dulce se evapora;
el tímido aroma que despide el Cirio,
se funde en carbones, se vuelve cenizas.
Se ensombrece el cielo, se aquilata el alma
y todo el desvelo que ayer padecí,
ya queda en la nada;
sólo tu mirada quedó grabada en cada eslabón
de aquélla cadena que se armó con rosas.
mis manos asidas a trozos de hielo
buscan tu conciencia...
enciendo el incienso, se queman los Cirios,
presento tu imagen al Cáliz del Lirio.
Bálsamo de almendras, Rosas, Jazmines,
capullos desnudos de las Primorosas
destierran del alma, indicios de ausencia
confusa, perdida, busco tu presencia.
Me persuade el humo que del incensario
se esparce muy lento...
devora, aviva, dibuja tu nombre,
fragancia sublime que encanta y agota.
Llama encendida, quemando mis labios
isla clandestina que emerge del mar;
amor traicionero, pérfido, banal,
agua enturbiada de un manantial.
Cien velas enciendo, cincuenta se apagan
invoco tu espíritu, viajero sin rumbo,
se moja mi almohada, son tantas las lágrimas
que rodando buscan tu abrigo en la cama.
Rústica ilusión, rendida pasión,
profano tus gestos con mi decisión;
y es que en el altar donde te venero
busco la manera de entablar contacto
evidencia ajena de carnal audacia
donde el higo verde se vuelve morado
árboles frutales, yacen madurados.
Indigna me siento, trémula, cansada
todos los recursos que lleven a tí, los he agotado...
¿ahora qué hago?
voy por la vereda en busca de un lago, quieto y transparente.
En el llano firme surge la borrasca
riscos aflojados, solos van cayendo
matando ideas, penas, glorias
también la verdad de toda esta historia.
Severa osadía del despojo humano,
éxtasis de arena fluye entre mis manos,
espigas de trigo, conchas, caracoles,
seta venenosa que juega conmigo.
De agravio frecuente, dolor en la carne
tus besos aún me arden;
desvarío intenso, sangre tormentosa,
me cuesta olvidar el sabor de tu boca.
Péndulo que gira como tantos soles
champagne y balada debaten la fe
que ha recubierto completa mi alma;
mi espíritu en pena se purga con llanto
y apaga su canto de tanto sufrir.
Algas refugiadas en mar sin remanso
¿por qué el destino se ensañó en mí?
parece que estabas amor en mis brazos,
cual perpétua llaga sangrando fogosa.
Ni altares, ni velas; ni fotos, ni agujas;
ni tanta porfía te harán regresar...
esculpí en ámbar tu imagen perfecta
igual que en mi mente, todo pensamiento,
eras en mis sueños, más que mil ideas
pero tú te fuistes y no habrá retorno,
ni licor, ni velas, ni el altar con fotos
harán que regreses.
Cuando te venero, siento que te alejas
triste cataclismo de esfuerzo frustrado,
alarido inmerso en todo este cuento.
Rehúyo y me alejo oculta en la noche,
la espuma y la arena enterró la flor
y aquéllos corales rojo carmesí
habitan con celo en el agua gris...
siento que se aleja ya de mí esta pena
que tanto me engaña y me hace sufrir.
Vacilo un momento de frente al altar
apago el incienso... el Cáliz del Lirio
que ahí te llevé, dulce se evapora;
el tímido aroma que despide el Cirio,
se funde en carbones, se vuelve cenizas.
Se ensombrece el cielo, se aquilata el alma
y todo el desvelo que ayer padecí,
ya queda en la nada;
sólo tu mirada quedó grabada en cada eslabón
de aquélla cadena que se armó con rosas.