Sueño roto
Poeta recién llegado
Qué intrincados los pasillos del laberinto del alma,
que lentas pasan las horas cuando nos deja la calma,
y allá adentro, muy dentro, hay una voz que reclama
que te exime, que te acusa, que te odia y que te ama,
y que va sacando a la luz, todas las cosas sagradas
las burlas, las ignominias, y las palabras calladas,
repitiendo cada una, por si pudiera olvidarlas
en el rincón de un sollozo que se ahogó en tu garganta…
y quedito en el oído, estas lecciones desgrana…
Que no hay noche gris, ni luna blanca,
que la noche es negra y la luna falta
y el vibrar de una cuerda solitaria
se hunde en la carne como una garra
y ahora nadie tu herida lava…
Y que te hunden, y que te matan…
porque una mano se extiende
como salida de nada para arrancarle la vida
al amor de tus entrañas
y cien milenios de culpas
se suben a tus espaldas…
Si son tuyas, o ajenas, igual tienes que llevarlas,
que eres chivo expiatorio de los pecados del alma
donde la ilusión gemía sobre un desierto de llamas
sin levantar la cabeza por temor a las espadas…
de todos modos perdía, porque igual se le mataba…
No hay tregua, no hay acuerdo,
todo tiembla ante tus ojos y hay una senda de abrojos
por donde tus pies descalzos, van subiendo hacia el cadalso,
después de cruzar el lodo…
y más nada. Eso es todo… que aún es poco, dirán
los que nunca ofrecerán su mano franca al caído
ni escucharán el gemido del que pena en soledad,
tildando de arbitrariedad a un corazón vencido.
¿Yel descanso?... ¿Y el alivio a tu congoja?...
Rodaron como las hojas, tristes del valle perdido
sin encontrar el camino donde fenece la aurora,
y hasta esta misma hora se van muriendo en el olvido…
ya me callo, no prosigo… ¿A quién le duele el dolor
Del apagado clamor del aire que yo respiro?
fui espuma, sal…fui ola… hoy… apenas soy un suspiro…
que lentas pasan las horas cuando nos deja la calma,
y allá adentro, muy dentro, hay una voz que reclama
que te exime, que te acusa, que te odia y que te ama,
y que va sacando a la luz, todas las cosas sagradas
las burlas, las ignominias, y las palabras calladas,
repitiendo cada una, por si pudiera olvidarlas
en el rincón de un sollozo que se ahogó en tu garganta…
y quedito en el oído, estas lecciones desgrana…
Que no hay noche gris, ni luna blanca,
que la noche es negra y la luna falta
y el vibrar de una cuerda solitaria
se hunde en la carne como una garra
y ahora nadie tu herida lava…
Y que te hunden, y que te matan…
porque una mano se extiende
como salida de nada para arrancarle la vida
al amor de tus entrañas
y cien milenios de culpas
se suben a tus espaldas…
Si son tuyas, o ajenas, igual tienes que llevarlas,
que eres chivo expiatorio de los pecados del alma
donde la ilusión gemía sobre un desierto de llamas
sin levantar la cabeza por temor a las espadas…
de todos modos perdía, porque igual se le mataba…
No hay tregua, no hay acuerdo,
todo tiembla ante tus ojos y hay una senda de abrojos
por donde tus pies descalzos, van subiendo hacia el cadalso,
después de cruzar el lodo…
y más nada. Eso es todo… que aún es poco, dirán
los que nunca ofrecerán su mano franca al caído
ni escucharán el gemido del que pena en soledad,
tildando de arbitrariedad a un corazón vencido.
¿Yel descanso?... ¿Y el alivio a tu congoja?...
Rodaron como las hojas, tristes del valle perdido
sin encontrar el camino donde fenece la aurora,
y hasta esta misma hora se van muriendo en el olvido…
ya me callo, no prosigo… ¿A quién le duele el dolor
Del apagado clamor del aire que yo respiro?
fui espuma, sal…fui ola… hoy… apenas soy un suspiro…
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