Rosario Martín
Poeta que considera el portal su segunda casa
VERGÜENZA de Cristina Morano (Madrid, España, 1967)
El número de hijos de puta
aumenta cada día, pero es peor
el mayor número de tontos.
Yo me cuento entre los segundos,
a veces mi padre pregunta
si voy a hacer algo al respecto;
pero no suelo contestarle,
me limito a mirar la tele
sentada enfrente de su cara.
Debería decirle que lleva la razón,
que la gente me mira como
a una rara especie de animal,
como si se sintieran cómodos
en el papel del delator.
Me gustaría hacer algo para cambiar,
ser más inteligente, fumar con elegancia…
ese tipo de cosas que te hacen respetable.
Pero en el fondo nunca sería suficiente,
los platos se me siguen cayendo de las manos.
Cristina Morano
de Las rutas del nómada, Universidad de Murcia, 1999
******
AVISO de Alberto Tesán (Santa Perpètua de Mogoda, Barcelona, 1971)
Con las piernas abiertas el mundo te sonríe
y yo muero de tanta ternura derramada
has quemado el dinero y toda mi paciencia,
pero te dejo hacer, segura entre las sábanas
con algún muchachito aspirante a poeta.
Empiezan a cansarme, sin embargo, las lágrimas
que sirven de chantaje en el peor momento,
y esa pose tan tuya de niña maltratada
que exhibes en tertulias con tanto desparpajo.
No te engañes, cariño, los años no perdonan.
Y tu edad es la edad brumosa del dolor.
Está cercano el día en que te sientas sola,
escuchando, a oscuras, la voz rota de Joplin.
Entonces no me llames, ni busques mi consuelo.
He aprendido a tu lado, a ser obedecido.
Cuando marques mi número y suenen tus disculpas
estaré celebrando tu piel envejecida
con la primera nínfula que sepa lo que busco:
la sumisión total a todos mis caprichos.
Alberto Tesán
(de Piedras en el agua, Pre-Textos, 2003)
El número de hijos de puta
aumenta cada día, pero es peor
el mayor número de tontos.
Yo me cuento entre los segundos,
a veces mi padre pregunta
si voy a hacer algo al respecto;
pero no suelo contestarle,
me limito a mirar la tele
sentada enfrente de su cara.
Debería decirle que lleva la razón,
que la gente me mira como
a una rara especie de animal,
como si se sintieran cómodos
en el papel del delator.
Me gustaría hacer algo para cambiar,
ser más inteligente, fumar con elegancia…
ese tipo de cosas que te hacen respetable.
Pero en el fondo nunca sería suficiente,
los platos se me siguen cayendo de las manos.
Cristina Morano
de Las rutas del nómada, Universidad de Murcia, 1999
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AVISO de Alberto Tesán (Santa Perpètua de Mogoda, Barcelona, 1971)
Con las piernas abiertas el mundo te sonríe
y yo muero de tanta ternura derramada
has quemado el dinero y toda mi paciencia,
pero te dejo hacer, segura entre las sábanas
con algún muchachito aspirante a poeta.
Empiezan a cansarme, sin embargo, las lágrimas
que sirven de chantaje en el peor momento,
y esa pose tan tuya de niña maltratada
que exhibes en tertulias con tanto desparpajo.
No te engañes, cariño, los años no perdonan.
Y tu edad es la edad brumosa del dolor.
Está cercano el día en que te sientas sola,
escuchando, a oscuras, la voz rota de Joplin.
Entonces no me llames, ni busques mi consuelo.
He aprendido a tu lado, a ser obedecido.
Cuando marques mi número y suenen tus disculpas
estaré celebrando tu piel envejecida
con la primera nínfula que sepa lo que busco:
la sumisión total a todos mis caprichos.
Alberto Tesán
(de Piedras en el agua, Pre-Textos, 2003)
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