elbosco
Poeta fiel al portal
Tal vez la verdad es invisible
Paul Auster
Desde que iniciamos el espacio vivencial del "Múltiple Experimental" para encarar el tema de la desescolarización de nuestros hijos, y luego de más de un año de reuniones con los compañeros en esta iniciativa para concensuar criterios, cada día me pregunto más y más sobre la verdad de las cosas.
Ante cada situación que surge en la práctica cabe preguntarse si estamos o no haciendo lo indicado (atención que no hablo de "lo correcto" sino de "lo indicado" o "lo apropiado").
Ante un hecho dado tenemos la tendencia a reaccionar automáticamente tratando de imponer patrones aprendidos, deseando que el mundo se amolde a nuestro criterio e ideas antes de comprenderlo y aprender de él.
Reflexionando sobre esto vino a mi mente la frase latina "Veritas in simplice", la verdad está en lo simple. ¿Será cierto? Es probable... y es cierto que es una costumbre muy humana, o muy moderna, complicar lo simple, es decir, ver en forma rebuscada u oscura lo que encierra una realidad transparente.
Soy de la idea de que esto es culpa de la cultura. Los animales no reflexionan sobre las cosas, las asumen y actúan en consecuencia, el hombre en cambio, debido a su sentido moral y a las normas sociales que la civilización apareja, se plantea y cuestiona la realidad de las cosas, pero la debilidad de nuestra civilización se pone de manifiesto cuando no somos capaces de reconocer qué nos hace bien o conviene hasta en las cosas más simples de la vida: Qué y cómo comer, qué decir o callar, cómo criar a nuestros hijos... cuestiones que debieran ser simples (¡cuánto desearía que lo fueran!), pero no lo son, porque la verdad es esquiva e inaccesible.
Y así, sin acceso a la verdad, somos capaces de formarnos ideas y tener convicciones. De esta manera, la convicción es un sustituto para la verdad.
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Fernando M. Sassone
Paul Auster
Desde que iniciamos el espacio vivencial del "Múltiple Experimental" para encarar el tema de la desescolarización de nuestros hijos, y luego de más de un año de reuniones con los compañeros en esta iniciativa para concensuar criterios, cada día me pregunto más y más sobre la verdad de las cosas.
Ante cada situación que surge en la práctica cabe preguntarse si estamos o no haciendo lo indicado (atención que no hablo de "lo correcto" sino de "lo indicado" o "lo apropiado").
Ante un hecho dado tenemos la tendencia a reaccionar automáticamente tratando de imponer patrones aprendidos, deseando que el mundo se amolde a nuestro criterio e ideas antes de comprenderlo y aprender de él.
Reflexionando sobre esto vino a mi mente la frase latina "Veritas in simplice", la verdad está en lo simple. ¿Será cierto? Es probable... y es cierto que es una costumbre muy humana, o muy moderna, complicar lo simple, es decir, ver en forma rebuscada u oscura lo que encierra una realidad transparente.
Soy de la idea de que esto es culpa de la cultura. Los animales no reflexionan sobre las cosas, las asumen y actúan en consecuencia, el hombre en cambio, debido a su sentido moral y a las normas sociales que la civilización apareja, se plantea y cuestiona la realidad de las cosas, pero la debilidad de nuestra civilización se pone de manifiesto cuando no somos capaces de reconocer qué nos hace bien o conviene hasta en las cosas más simples de la vida: Qué y cómo comer, qué decir o callar, cómo criar a nuestros hijos... cuestiones que debieran ser simples (¡cuánto desearía que lo fueran!), pero no lo son, porque la verdad es esquiva e inaccesible.
Y así, sin acceso a la verdad, somos capaces de formarnos ideas y tener convicciones. De esta manera, la convicción es un sustituto para la verdad.
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Fernando M. Sassone
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