Abro las puertas y las ventanas
salgo al balcón del noveno piso
y dejo entrar la melodiosa sinfonía del viento
que se mece entre los árboles del parque
y me abraza con las voces de mis viejos
que vinieron a acompañarme
en este momento de soledad.
Salgo con una taza de café
y observo silenciosa la monotonía
del universo que gira a mi alrededor
oigo el trinar de las aves
que juegan entre las ramas
que quedaron desnudas al perder sus hojas
y sueño con volver a sentir el calor de un abrazo.
El amanecer y el ocaso del otoño
son postales tan distintas en este confinamiento
donde los sentimientos encontrados
de responsabilidad y rebeldía
que en el corazón y la mente
juegan un papel importante
de querer salir corriendo o quedarse en casa.
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