jorgebelleret
Poeta fiel al portal
VERSOS SIN DESAPARECER
Yo tenía sólo tres años,
era una mochila a espaldas de la realidad.
No entendía bien
la existencia de un mundo cruel y paralelo.
Treinta años después, respiro
la democracia que fue tierra prometida
de aquellos que nunca la gozaron.
Ninguna ideología es buena
si se alimenta de tantas muertes.
Qué fácil es gritar hoy
cuando nadie te hace callar.
Ahora que no hay marchas, ni botas,
ni Falcons, ni corridas,
ni un himno entre dientes,
ni un no te metas, no tiene salida.
Qué difícil recordar
en este país con alzheimer.
Hay heridas infectadas
por aviones nocturnos,
lluvias de cuerpos,
mareas de desaparecidos.
Hijos de padrastros uniformados,
abuelitas de la desolación.
Cuántas tazas de leche se enfriaron
esperando un regreso o el ataúd.
Buscar sin encontrar,
¿alguna vez llegará vuestra paz?
No devolvamos el horror
que nos metieron en los huesos.
Benditos sean los que pagaron
con sus vidas la insolencia
de gritar hasta por los codos
la verdad que no se pudo ocultar
ni bajo montañas de cuerpos.
Que nadie proclame el reverso
de nuestro oscuro nunca más.
Yo tenía sólo tres años,
era una mochila a espaldas de la realidad.
No entendía bien
la existencia de un mundo cruel y paralelo.
Treinta años después, respiro
la democracia que fue tierra prometida
de aquellos que nunca la gozaron.
Ninguna ideología es buena
si se alimenta de tantas muertes.
Qué fácil es gritar hoy
cuando nadie te hace callar.
Ahora que no hay marchas, ni botas,
ni Falcons, ni corridas,
ni un himno entre dientes,
ni un no te metas, no tiene salida.
Qué difícil recordar
en este país con alzheimer.
Hay heridas infectadas
por aviones nocturnos,
lluvias de cuerpos,
mareas de desaparecidos.
Hijos de padrastros uniformados,
abuelitas de la desolación.
Cuántas tazas de leche se enfriaron
esperando un regreso o el ataúd.
Buscar sin encontrar,
¿alguna vez llegará vuestra paz?
No devolvamos el horror
que nos metieron en los huesos.
Benditos sean los que pagaron
con sus vidas la insolencia
de gritar hasta por los codos
la verdad que no se pudo ocultar
ni bajo montañas de cuerpos.
Que nadie proclame el reverso
de nuestro oscuro nunca más.