BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hay tanta noche solitaria en los brazos
golpean las sílabas deformes de los barcos
sus letreros inventados sus palcos inundados
fustigan las catedrales designadas por graves
e insignes párrocos.
Hay tanta lluvia en una sola noche
me gustan las extremidades anegadas
los barros acólitos formulando sus plegarias
derribando mitos planteando grandes semillas
desaparecidas.
Existe tanta parquedad en las palabras
son incendiarias a pesar de todo
crepitan en lugar del fuego con ansía
de verdaderos ídolos.
Una nube atrabiliaria
descansa su eterna mansedumbre en mis brazos
pronostica su ecuación sublime y desgarra
el techo de las estaciones lluviosas y solitarias.
Los dedos son tan altos en esta hermosa cerradura
siempre investigando los labios que en su sello se maduran
y dejan apósitos o vendajes como un vendaval de cieno
Las liturgias fabrican el esplendor de las lluvias
los bancos de madera sitúan a los delgados miembros
en sus enrejadas teológicas mi cuerpo es un llanto
desvanecido entorno a los vinos elogiables.
Me gusta el amanecer de las iglesias
siempre tan desvencijadas coaguladas en su latido
de horizonte azul y taxativo.
Me gustan los anocheceres invento la desolación
en las tinieblas apenas subsisten los amigos
y un llanto comprimido ahoga versos verdaderos.
©
golpean las sílabas deformes de los barcos
sus letreros inventados sus palcos inundados
fustigan las catedrales designadas por graves
e insignes párrocos.
Hay tanta lluvia en una sola noche
me gustan las extremidades anegadas
los barros acólitos formulando sus plegarias
derribando mitos planteando grandes semillas
desaparecidas.
Existe tanta parquedad en las palabras
son incendiarias a pesar de todo
crepitan en lugar del fuego con ansía
de verdaderos ídolos.
Una nube atrabiliaria
descansa su eterna mansedumbre en mis brazos
pronostica su ecuación sublime y desgarra
el techo de las estaciones lluviosas y solitarias.
Los dedos son tan altos en esta hermosa cerradura
siempre investigando los labios que en su sello se maduran
y dejan apósitos o vendajes como un vendaval de cieno
Las liturgias fabrican el esplendor de las lluvias
los bancos de madera sitúan a los delgados miembros
en sus enrejadas teológicas mi cuerpo es un llanto
desvanecido entorno a los vinos elogiables.
Me gusta el amanecer de las iglesias
siempre tan desvencijadas coaguladas en su latido
de horizonte azul y taxativo.
Me gustan los anocheceres invento la desolación
en las tinieblas apenas subsisten los amigos
y un llanto comprimido ahoga versos verdaderos.
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