Un viaje delirante para comprobar el trayecto extenso y fantástico del suicidio de los instantes.
Verlos, vivirlos y morirlos.Desearlos como pequeños sepelios que se nos escapan en nuestra memoria.
VIAJAR A LA MEMORIA DEL DELIRIO
En el extremo de un pinchazo en las memoria,
recoger con vehemencia las células subterráneas
y entre los mundos turbados e indivisibles
anhelar y recorrer los vestíbulos del Paraíso.
Un atroz instante sugestionado por alaridos
que llegan, a la imaginación, puros y entrecortados.
Visitar la tristeza enrejillada donde el silencio se cruza
entre los sueños que se producen cuando todo muere
por entre trampas oscuras del travieso anochecer.
Un trueno,
hueco,
da fulgor a la Tierra
Ahora pido cuando camino salobre sobre aquellos,
los espinos desérticos de la materia oscura,
un tren huidizo e inmenso de senderos inciertos
para que me lleve al hermoso paisaje de las tumbas.
Fantásticas, torturantes, transparente y dobladas
viven entre las infinitas temporalidades del vidrio solitario.
Todo extendido,
por los levitados huecos de mi cama blanca,
pues se aproximan los recuerdos entre huellas acariciadas
que se reparten por mis suspiros ahogados,
melancolías de azares en rincones oscuros
ellas descubren el vuelo de los arrecifes,
son los túmulos de cristal que se aferran al silencio.
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luzyabsenta