Sebastian Dusalgi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Viaje.
Voy a partir con el viento de la tarde
cruzaré el horizonte durmiente
en su caja de cristal.
Seguiré el farol de la muerte,
enjugaré mis lágrimas en las burbujas de la lluvia.
Me revolcaré en la inmundicia de mi lodo,
a mi lado pasara el cerdo
celoso de mi destino.
Quiero recordar las noches
en el costado de la Marquesa Ranail
mirando al cielo contemplando
el brincar de los peces,
bajo la mirada tenebrosa
del ángel suicida de los siete mares.
La máscara cantará, del libro de la antropofagia,
las líneas que hablan de hombres
con relojes en las piernas,
rostros de alfil y
con engranes moviendo sus cavernas.
Quiero entre las sombras de la tumbas
beber sus soledades,
ahí donde ya no resuena un te quiero
y el olvido tiene su hogar,
y solo la vela alumbrara la nada.
Entonces tomado de la mano
del fantasma y su sombra
empuñaré la existencia en un agujero
y caerá mi cerebro muerto,
desgajado en el misterio.
seré entonces una marioneta
movida por el viento de la tarde,
con el vomito de las calaveras
brotando de mis orbitas solitarias.
vendrá hasta mi el buitre y me dará un beso
y su labios tendrán el sabor de mi sangre
habré llegado al final del sendero
ahí donde el caminante olvido pisar,
al filo de las estalagmitas
descenderán mis cáscaras que aún soñaran
.
Sebastian Dusalgi.
Voy a partir con el viento de la tarde
cruzaré el horizonte durmiente
en su caja de cristal.
Seguiré el farol de la muerte,
enjugaré mis lágrimas en las burbujas de la lluvia.
Me revolcaré en la inmundicia de mi lodo,
a mi lado pasara el cerdo
celoso de mi destino.
Quiero recordar las noches
en el costado de la Marquesa Ranail
mirando al cielo contemplando
el brincar de los peces,
bajo la mirada tenebrosa
del ángel suicida de los siete mares.
La máscara cantará, del libro de la antropofagia,
las líneas que hablan de hombres
con relojes en las piernas,
rostros de alfil y
con engranes moviendo sus cavernas.
Quiero entre las sombras de la tumbas
beber sus soledades,
ahí donde ya no resuena un te quiero
y el olvido tiene su hogar,
y solo la vela alumbrara la nada.
Entonces tomado de la mano
del fantasma y su sombra
empuñaré la existencia en un agujero
y caerá mi cerebro muerto,
desgajado en el misterio.
seré entonces una marioneta
movida por el viento de la tarde,
con el vomito de las calaveras
brotando de mis orbitas solitarias.
vendrá hasta mi el buitre y me dará un beso
y su labios tendrán el sabor de mi sangre
habré llegado al final del sendero
ahí donde el caminante olvido pisar,
al filo de las estalagmitas
descenderán mis cáscaras que aún soñaran
.
Sebastian Dusalgi.
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