Erik Aguilar
Poeta recién llegado
Los trenes pasan a cada hora,
por la cueva de los hombres,
donde todos temen la demora,
de llegar tarde a su destino.
Y esos trenes me llevan allí,
donde la noche cae si me place,
donde la fantasía satisface,
el afán en una condena real.
Humilde crío, dios de viajeros,
veo un hogar, que nunca existió,
alejarse de mi mundo lisonjero.
Sea esta odisea la más azarosa.
Los trenes llegan a cada hora,
pero no a una cueva, aquí no.
Llegan a una llanura que adora
ver los abrazos tan esperados.
Yo quiero el calor de agosto,
las lluvias de abril y el frío
de diciembre. Ansío la montaña,
y deseo tu cosmos sobre el mío.
Verde hierba la de este parque
y radiante el sol que se duerme.
¿Cuán fervoroso, audaz y fuerte
nace este beso desde tu alma?
Y aunque el más romántico beso,
con ojos cerrados deba darse,
hoy no puedo dejar de mirarte,
y ver el cielo tardío me enamora.
¿Cuántas veces contemplaré esto,
sin el semblante tuyo ante mí?
Los trenes en esos días funestos,
me llevarán a cualquier parte...
... pero nunca a un hogar.
por la cueva de los hombres,
donde todos temen la demora,
de llegar tarde a su destino.
Y esos trenes me llevan allí,
donde la noche cae si me place,
donde la fantasía satisface,
el afán en una condena real.
Humilde crío, dios de viajeros,
veo un hogar, que nunca existió,
alejarse de mi mundo lisonjero.
Sea esta odisea la más azarosa.
Los trenes llegan a cada hora,
pero no a una cueva, aquí no.
Llegan a una llanura que adora
ver los abrazos tan esperados.
Yo quiero el calor de agosto,
las lluvias de abril y el frío
de diciembre. Ansío la montaña,
y deseo tu cosmos sobre el mío.
Verde hierba la de este parque
y radiante el sol que se duerme.
¿Cuán fervoroso, audaz y fuerte
nace este beso desde tu alma?
Y aunque el más romántico beso,
con ojos cerrados deba darse,
hoy no puedo dejar de mirarte,
y ver el cielo tardío me enamora.
¿Cuántas veces contemplaré esto,
sin el semblante tuyo ante mí?
Los trenes en esos días funestos,
me llevarán a cualquier parte...
... pero nunca a un hogar.
Erik Aguilar