Rey de la Patagonia
Poeta adicto al portal
De colores naturalmente brillantes
nadie podría ignorarte,
que difícil es escapar de tu encanto
haces tuyo el pedazo de mundo
que te circunda
y haces tuyos todos los ojos que te miran.
En mi sepultura adornada
de arrecifes y espejos
hago tuyas mis memorias
y recorro una y otra vez
la fragilidad del espacio
que me separaba de mi desgracia,
una copa más me dije cavilando
la soledad
una copa más y bastara.
La música me invitaba a soñar
a que la circunferencia de mi copa
fuera un mar
y que sus bordes biselados
fueran acantilados de donde poder saltar,
mendigas mis manos
de acariciarse tanto,
perdidos mis ojos en las candilejas del bar.
Susurro fue la piedad de tu perfume
Francés
y como si habitara dentro de un cofre
me atreví a subir por la escalera de su aroma
fue ahí donde te vi,
fue ahí donde sin saber comencé a morir
lentamente y sin remedio.
Tus ojos fueron artilleros mortales
de sagacidad precisa,
praderas infinitamente verdes
donde nadie dudaría en perderse
inocente aquel que se deslumbra
en sus vitrales ateos.
No pude jamás evitarlos
Tampoco intento luchar
con ello en estos momentos,
se quedaron petrificados en mis retinas
consientes de su peligro,
me venciste en una mano
como si hubieras visto todas mis cartas,
yo no supe que mas hacer
vencido y a tus pies.
Donde vamos ahora que el bar
se lleno de golondrinas,
donde vamos ahora que los borrachos
no son más que graciosos arlequines
que lucen flores en sus narices,
donde vamos ahora
que permaneces aferrada a mi brazo,
¿Dónde vamos?
y me tocaste con tus labios.
La calle era un espejo lleno de reflejos
cuando se encendieron los fuegos artificiales
dentro de mi cuerpo,
mientras tu, florecida en tus tacos
te metías en mi sangre
con tu veneno dulce y adictivo,
que placer siento ahora al recordar
aquella noche mortal
cuando te enrollaste en mi cuello
y yo si poder luchar.
Y fuiste mi fuego completo
y fuiste maestra de todos los juegos
imaginados y por imaginar,
y fuiste sendero corto
lleno de risas y rubíes,
fuiste toda la alegría que conocí
y eres todo el dolor que debo sufrir,
me dejaste esta gangrena incurable
que entre más se pudre
más huele a ti.
Te odio de una manera sobre humana
te odio desde el núcleo de las células
escasas que me quedan,
te odio desde cuando despiertas en mi sangre
y de una forma inimaginable,
te odio hasta la tarde
hasta que tomo un descanso para alimentarme,
apurado y excitado, dolido y arrebatado
en lo vital del alivio,
desde mi biología sube el oxigeno sano a mi cabeza
cuando mis órganos reciben nutrientes que le sirven,
mi cuerpo calla
ya no reclama
y se calma…y te odio de noche
toda una noche completa
y sacos tus ojos de dentro de mis frascos de lagrimas
y no puedo creer que te hayas ido
y no puedo creer que te odio…y de verdad te odio
y no puedo creer que no estés
en medio de esta tormenta violenta
de odio alcohólico y rosado.
Víbora de ojos bonitos
me dejaste a merced de mi suerte,
me dejaste desiertas las manos
y dentro del alma un grito que no quiere
callarse,
a veces sueño que te amo
pero yo no puedo amarte,
yo no debo amarte,
yo no quiero
amarte...
yo ...
nadie podría ignorarte,
que difícil es escapar de tu encanto
haces tuyo el pedazo de mundo
que te circunda
y haces tuyos todos los ojos que te miran.
En mi sepultura adornada
de arrecifes y espejos
hago tuyas mis memorias
y recorro una y otra vez
la fragilidad del espacio
que me separaba de mi desgracia,
una copa más me dije cavilando
la soledad
una copa más y bastara.
La música me invitaba a soñar
a que la circunferencia de mi copa
fuera un mar
y que sus bordes biselados
fueran acantilados de donde poder saltar,
mendigas mis manos
de acariciarse tanto,
perdidos mis ojos en las candilejas del bar.
Susurro fue la piedad de tu perfume
Francés
y como si habitara dentro de un cofre
me atreví a subir por la escalera de su aroma
fue ahí donde te vi,
fue ahí donde sin saber comencé a morir
lentamente y sin remedio.
Tus ojos fueron artilleros mortales
de sagacidad precisa,
praderas infinitamente verdes
donde nadie dudaría en perderse
inocente aquel que se deslumbra
en sus vitrales ateos.
No pude jamás evitarlos
Tampoco intento luchar
con ello en estos momentos,
se quedaron petrificados en mis retinas
consientes de su peligro,
me venciste en una mano
como si hubieras visto todas mis cartas,
yo no supe que mas hacer
vencido y a tus pies.
Donde vamos ahora que el bar
se lleno de golondrinas,
donde vamos ahora que los borrachos
no son más que graciosos arlequines
que lucen flores en sus narices,
donde vamos ahora
que permaneces aferrada a mi brazo,
¿Dónde vamos?
y me tocaste con tus labios.
La calle era un espejo lleno de reflejos
cuando se encendieron los fuegos artificiales
dentro de mi cuerpo,
mientras tu, florecida en tus tacos
te metías en mi sangre
con tu veneno dulce y adictivo,
que placer siento ahora al recordar
aquella noche mortal
cuando te enrollaste en mi cuello
y yo si poder luchar.
Y fuiste mi fuego completo
y fuiste maestra de todos los juegos
imaginados y por imaginar,
y fuiste sendero corto
lleno de risas y rubíes,
fuiste toda la alegría que conocí
y eres todo el dolor que debo sufrir,
me dejaste esta gangrena incurable
que entre más se pudre
más huele a ti.
Te odio de una manera sobre humana
te odio desde el núcleo de las células
escasas que me quedan,
te odio desde cuando despiertas en mi sangre
y de una forma inimaginable,
te odio hasta la tarde
hasta que tomo un descanso para alimentarme,
apurado y excitado, dolido y arrebatado
en lo vital del alivio,
desde mi biología sube el oxigeno sano a mi cabeza
cuando mis órganos reciben nutrientes que le sirven,
mi cuerpo calla
ya no reclama
y se calma…y te odio de noche
toda una noche completa
y sacos tus ojos de dentro de mis frascos de lagrimas
y no puedo creer que te hayas ido
y no puedo creer que te odio…y de verdad te odio
y no puedo creer que no estés
en medio de esta tormenta violenta
de odio alcohólico y rosado.
Víbora de ojos bonitos
me dejaste a merced de mi suerte,
me dejaste desiertas las manos
y dentro del alma un grito que no quiere
callarse,
a veces sueño que te amo
pero yo no puedo amarte,
yo no debo amarte,
yo no quiero
amarte...
yo ...
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