Bruno Insurgente
Poeta fiel al portal
El vacío en mí provoca suspiros, entonces trigo la copa y bebo, a mi condena. El humo me llevó a la reflexión y veo, que mis pies no saltan las montañas ni mucho menos las de papeles, que inundan nuestro existir en el mundo de la burocracia, humano igual burocracia.
Los verdaderos sentimientos que no saben de lenguaje alguno, (por ser un estado espiritual sin mesura) se jactan de los poetas, que ingenuos buscan nada más que plateada compañía en la luna, y al mirarla sus encantos los vuelve, cómplices y adictos.
Y el poeta busca, denuncia, grita, reflexiona, hasta llegar a dar con estos sentimientos, y al comprender la verdadera naturaleza de éstos, escribe con su pluma unas frases que el lenguaje nunca vio, y es verdadera y falsa a la vez, enciendo un cigarrillo, me paseo hasta llegar a la ventana y veo un sol escrachado contra el cielo, y una luna escrachada en el zenit de la noche, que media púrpura y grisácea, me alumbra en cada trasnoche, en cada borrachera, en esas putas experiencias en que mis experimentos fallaron, y yo lo sé hace ya mucho.
La casualidad me lleva donde un amigo espera, como siempre, con una propuesta para hablar de eso. Muerdo la noche en el hastío, de este corazón baldío, me tiro a desojar flores en tus faldas, te toco y me tocas, te amo y me odias. Y como el poeta, busco, denuncio, grito en la soledad, en este patio sin techo y sin cielo, tras estas rejas abiertas. Me lleno de sentimientos verdaderos, nunca expresados e inexpresables, cazo un trozo de papel y escribo lo que nunca me animo a decir, calco mi alma, llego a escuchar la melodía y con Extremoduro voy al cielo, bebo de las estrellas, respiro el verdadero aire y se me trenza en el pecho un nido donde siempre poder descansar. Entonces me apago y mi corazón late como nunca, entonces quedo quieto y en mi saltan gruñones, entonces dejo la mente en blanco y vienen a mi los recuerdos, entonces deseo la paz, entonces muero por la paz.
Los verdaderos sentimientos que no saben de lenguaje alguno, (por ser un estado espiritual sin mesura) se jactan de los poetas, que ingenuos buscan nada más que plateada compañía en la luna, y al mirarla sus encantos los vuelve, cómplices y adictos.
Y el poeta busca, denuncia, grita, reflexiona, hasta llegar a dar con estos sentimientos, y al comprender la verdadera naturaleza de éstos, escribe con su pluma unas frases que el lenguaje nunca vio, y es verdadera y falsa a la vez, enciendo un cigarrillo, me paseo hasta llegar a la ventana y veo un sol escrachado contra el cielo, y una luna escrachada en el zenit de la noche, que media púrpura y grisácea, me alumbra en cada trasnoche, en cada borrachera, en esas putas experiencias en que mis experimentos fallaron, y yo lo sé hace ya mucho.
La casualidad me lleva donde un amigo espera, como siempre, con una propuesta para hablar de eso. Muerdo la noche en el hastío, de este corazón baldío, me tiro a desojar flores en tus faldas, te toco y me tocas, te amo y me odias. Y como el poeta, busco, denuncio, grito en la soledad, en este patio sin techo y sin cielo, tras estas rejas abiertas. Me lleno de sentimientos verdaderos, nunca expresados e inexpresables, cazo un trozo de papel y escribo lo que nunca me animo a decir, calco mi alma, llego a escuchar la melodía y con Extremoduro voy al cielo, bebo de las estrellas, respiro el verdadero aire y se me trenza en el pecho un nido donde siempre poder descansar. Entonces me apago y mi corazón late como nunca, entonces quedo quieto y en mi saltan gruñones, entonces dejo la mente en blanco y vienen a mi los recuerdos, entonces deseo la paz, entonces muero por la paz.
B R U N O
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