Cupido estaba pasado de copas,
cuando en la séptima aberración
nos flechó solo por cobardía,
fuimos los desafortunados,
los inutilmente enamorados
por una flecha que se perdía.
Nadie sabe porqué brindaba,
pero hasta cupido sufre de amor,
mala suerte que en su venganza
somos víctimas de su fracaso,
íbamos en su camino, mientras le servían otro vaso
del vino del loor.
Afrodita me dijo en un sueño
que era el más malo en clases de arquería,
pero muy bueno para la crueldad,
ay cupido, yo hubiera preferido
flechas de plomo con plumas de buho
salpicadas de divinidad.
Es preciso ponerle un alto!,
clausuren los cielos con cadenas de òpalo,
y que el mejor poeta haga la oda del desamor,
formense los corazones y cantenlo en su destierro,
lanzando la última flecha vestida de fierro
seduciendo triunfante su perdón.
En dónde recida la dicha
de dos extraños que se enamoraron
en el abismo del error,
busquemos la sicuta en cualquier vaso de ron,
pues mi destino está vencido, el olvido se fugó,
maldito seas Cupido, por la que nunca te amó.
cuando en la séptima aberración
nos flechó solo por cobardía,
fuimos los desafortunados,
los inutilmente enamorados
por una flecha que se perdía.
Nadie sabe porqué brindaba,
pero hasta cupido sufre de amor,
mala suerte que en su venganza
somos víctimas de su fracaso,
íbamos en su camino, mientras le servían otro vaso
del vino del loor.
Afrodita me dijo en un sueño
que era el más malo en clases de arquería,
pero muy bueno para la crueldad,
ay cupido, yo hubiera preferido
flechas de plomo con plumas de buho
salpicadas de divinidad.
Es preciso ponerle un alto!,
clausuren los cielos con cadenas de òpalo,
y que el mejor poeta haga la oda del desamor,
formense los corazones y cantenlo en su destierro,
lanzando la última flecha vestida de fierro
seduciendo triunfante su perdón.
En dónde recida la dicha
de dos extraños que se enamoraron
en el abismo del error,
busquemos la sicuta en cualquier vaso de ron,
pues mi destino está vencido, el olvido se fugó,
maldito seas Cupido, por la que nunca te amó.