BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Sustentarse exclusivamente con el dorso
palma de la mano incrustada sabiamente,
figura aterciopelada cual llanto enésimo,
borboteante vida singular, plural el deseo
paupérrimo, acicala tu hueso fétido.
Dame de la belleza, mineral fosilizado,
hostil a los miembros acólitos, sujetos
a ignominias sus rostros perfumados.
Y dificultarse la existencia tranquila,
confortable, divagar tras un áspero desencuentro,
buscar profecías en los labios del muerto.
Oráculo de sinsabores, esa permuta de ceniza
o pavimento, gloriosos coloridos incidiendo
sobre la mesa bordeada. Afluente de un mítico
canalla, río presa de sus salivas, sacrificio de un vespertino
bastón compungido. Esas estrategias definitivas
que establecen los lupanares y las horcas patibularias.
Concha sin sazón de lugares, ese bronquio final
de los espacios sonidos, arquitrabe de los profundos pozos.
Y lejos de la tierra, como una mano amiga e infatigable,
deplorar los viejos estatutos acosados, fidedigna liturgia
estancada-.
©
palma de la mano incrustada sabiamente,
figura aterciopelada cual llanto enésimo,
borboteante vida singular, plural el deseo
paupérrimo, acicala tu hueso fétido.
Dame de la belleza, mineral fosilizado,
hostil a los miembros acólitos, sujetos
a ignominias sus rostros perfumados.
Y dificultarse la existencia tranquila,
confortable, divagar tras un áspero desencuentro,
buscar profecías en los labios del muerto.
Oráculo de sinsabores, esa permuta de ceniza
o pavimento, gloriosos coloridos incidiendo
sobre la mesa bordeada. Afluente de un mítico
canalla, río presa de sus salivas, sacrificio de un vespertino
bastón compungido. Esas estrategias definitivas
que establecen los lupanares y las horcas patibularias.
Concha sin sazón de lugares, ese bronquio final
de los espacios sonidos, arquitrabe de los profundos pozos.
Y lejos de la tierra, como una mano amiga e infatigable,
deplorar los viejos estatutos acosados, fidedigna liturgia
estancada-.
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