Viento negro de la noche
con tus fauces temblorosas que devoran
las espumas y las horas
y que con apetito de oruga
descarna las facciones y los gestos
tallando óculos desdentados en las paredes sin tiempo.
Viento negro temeroso de la claridad de tus ojos
me envuelves como un oráculo de niebla
del que brotan las extrañas figuras del sueño
rodando vienes con tu trueno poderoso
inquietando a las luciérnagas
y las lámparas de lapislázuli.
El sueño se fractura sobre almohadas como olas
los amantes se buscan en el glauco fondo del mar
y encuentran despavoridos
las blandas notas del canto del urogallo de oro
el viento negro viento que rasga y arrasa
el tiempo de la esperanza.
Nos desprenden los ecos de su llanto mortecino
de nuestro anclaje de algas
nos arrastran hacia la luz las sirenas embargadas
por tanta y tanta tristeza
nacemos al fuego y al canto de la noche parturienta
como espíritus ya cansados de tantas eternidades.
Aunque quedan nuestras huellas imborrables
en el espejo de los ojos muertos
de aquellos que nos amaron
que buscaron escapar de sus destinos
siendo sangre inviolada de la nuestra
cuando apenas se formaron las arenas
desconociendo que el viento negro ah el viento negro
destruiría sus sueños blancos como dagas.
La lámpara de coral agoniza
cercenadas sus venas de cenizas madrepóricas
por su amor a las catedrales sumergidas
nadie escuchó tan suave lamento de muerte
porque el viento negro que arreciaba
estrelló contra los amaneceres turbulentos
aquel ulular tardío de la belleza moribunda.
Tosca blasfemia de la energía
irremediable rugir de las altas torres o águilas
bajo bóvedas resonantes
el silencio se hace sangre luminosa
el milagro del mar nace en nosotros.
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