Y como esa noche de los montes, por esos mantos extendidos,
de recuerdos y mansedumbres…
como esos reyes de ajedrez andariegos,
por esos caminos de polvo cósmico y dorado;
como esos remeros que se reencuentran sobre la madrugada,
y como esas junglas de las maravillas…
como esa densidad en los consuelos de aquellos últimos puertos,
y los trovadores peludos reunidos en torno a la hoguera…
como esos submarinos que canturrean entre las ovejas, por las mañanas…
y como esas calles, dejándonos llevar por esos vientos amigos;
como los tenderetes que flotaban en ese éxtasis violeta de los atardeceres,
como los atardeceres de las gaviotas que derribaron los muros…