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Vientre de Pan

Lord Vélfragor

Poeta adicto al portal
Que será recogido en aras de pensamiento,
con el corazón palpitante,
entre sonatas inciertas,
que el crepúsculo apremia,
en el mar de los milagros,
donde solo tú comprendes,
la rosa de mis secretos

Con la plena sapiencia,
con el feliz sentimiento,
que se arrope en tu cintura,
con la calidez de tus palabras,
y lo profundo de tus miradas,
ahí... aquí... me tenéis...
plegado a un sentimiento
con las espinas clavadas,
gotas de sangre,
murmullo de alcatraces,
con réquiem de noche....

tómame.... toma el tiempo,
que solo entre cantos,
tu sublimidad me atrapa,
entre tus deseos.... provocados,
¿habrá espacio para terrenos momentos?
donde mi mano roce tu rostro,
donde mi boca diga tu nombre,
y anidemos el silencio,
con una sola mirada....

Y llegas... a calor donde mis venas,
aún cuando mi cuerpo frío alberga.
¿Habrá espacio para terrenos momentos?
¿Habrá lágrima en mi rostro
si en el tuyo se viesen cálidos mis ojos?

Es en lágrima suprema,
que encierro el firmamento,
con toque de yemas para guardar la perla,
la frialdad aparente,
solo deja un bosquejo de sombras,
que bien sabéis eres luz entre lobos,
siendo vuestro... custodio orgulloso,
con melodías pianissimo...
susurros celestes....

…porqué a un bosque lejano,
de mi alma te traigo,
porqué,
entre un camino pétreo, árido y yermo
mis labios claman.
Bésame en tus alas
arropa tu sangre,
siempre allí me tendrás hermana.
No llames a Lobos,
ellos de mi, te llevan
errando en penumbras mi canto
certero de tu hallazgo.

Con la ternura de tus notas,
atraes lo divino,
con alas abrazo tu rostro enjugado,
del llanto aquél...
hermanados en el canto,
con un beso pequeño
que descorra las ideas,
dejando a los lobos,
para llevaros a la Luna,
en vuelo tranquilo,
entregado a tu cintura,
que sea celosa la estrella,
que muera Selene,
si aquí.... aquí y aquí estas.... en mis alas,
fluyendo en mí sangre,
palpitando en mis entrañas...

Serviré entonces,
celebrando este espacio conjugado:
palomas:
mis ojos, mis manos…
de vientre en su rojo florido,
para detener las bestias
del bosque celoso y aturdido...
Beberán de mí, y dejarán pasar...
tus uñas, y sombra cana;
para así, logres llegar;
y dejes de mi, cantos pasar

Que sean ecos en las montañas,
con los filos rocosos,
que sirvan de corona,
a nuestra compañía,
entonando una y otra vez,
lo que aquí creamos....
ríos, mares, vientre de pan,
rosa de encanto.....
el cielo, el tiempo y tú....

Agua, sangre y sal
corona,
coronada tu darás,
yo dejaré par a ti,
mi cama verde...
siempre abierta a los celestes.
A la caricia que viene,
sopesando inviernos y otras fiebres...
a la caricia que llegase,
sin que tiempo pueda notarle
su paso firme,
de vuelo tan eterno
como tu sombra de fríos ingenuos y elegantes.

Con un pétalo... solo un pétalo,
deseo acariciar tu rostro,
entre la verdor del bosque,
que en tu cama deseo calmar mi desesperanza,
rodeado de la música de tus venas,
acariciando tu cintura,
con una lamida felina a tu ombligo,
con fiebre tierna... con ojos serenos,
que el réquiem sea... lo que deba ser....
llévame al vals.... llévame al encanto,
que entre tus ojos volé... en tu cintura viví...


¿Que son de árbol sus ramas?
¿que son en frío sus raíces calmas?
¿cuántos lobos y bestias alas ofrecerle a su encuentro,
para ver de mí, en ellos y alma engarzada?
no encontraras en cama cárnica el fervor que a ti conjuga mi mirada,
si, cintura, doblada al tránsito de algunas venas,
no, este ave, que muere en su alba,
que escucha su llanto y libre se le desata.

¡¡¡Libre que sea!!! en luz y calma,
que los lobos piden,
las bestias gritan,
y en ti silencio delicioso,
que antecede la paz,
de una armonía compleja,
entre venas entre panes y tierra,
entre agua entre fuego y entre hielo incluso
porque ahí esta la gracia de tu alma,
porque es ahí donde todo se para,
las horas y la arena,
el mirar.... y la pena....

Sabrás tu encontrarme aún si llegases,
y aquellas bestias que por ti distraje
se hayan llevado mi carne,
y el filo de este traje.
Sabrás tu encontrarme allí,
donde un día me anidaste…
Sabrás llevarme contigo,
en el calor de tu sangre.
Aún cuando de tierra
y en flor se abra
y orgullosa se levante.

Padme y Lord Vélfragor
 
Me llevaron entre las palabras a ese viaje sublime, sentimientos y notas embellecidas de canto... es un poema precioso, justo un dueto de dos músicos y compositores que se entienden en el calor del arte...
Padme, te quiero y te admiro.
My Lord, sabes lo que siento.
Besos a los dos.
 
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