Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Anoche su sonrisa se acercó como suave brisa
y el sonido de su voz en arpegios de mar llegó,
iluminando mí semblante cuando en el pórtico su figura se modeló,
y al trasluz de las velas,
he cogido el vino que desde su silueta,
en mi boca se arrebató.
Anoche el vino se hizo uva en mi boca,
y su cuerpo se hizo grácil en el tonel,
que guardaba celoso la delicadeza de su flor,
haciendo embriagador su fruto anclado bajo mi nariz,
que jugueteaba con ambrosías desde su matriz.
Anoche paladeé su olor,
y borracho de mis sentidos me sugirió beber,
hasta acabar la última gota,
que desde mi copa en su piel se anidó
y extasiada transitó mi lengua,
por el borde del exquisito umbral,
agitando con frenesí cada sorbo,
que amontonaba quejidos entre mis labios y su pudor.
Anoche empapé su dulce sudor,
chorreando enardecido cada espacio de mi voz,
que desde mis besos en abrazos de ríos fluyó
provocando torrentosas corrientes,
que desde su vertiente me arrastró,
agotando quejidos y suspiros,
que en delicioso remanso desembocó.
Anoche entre vino y ríos fui caudillo de su voz,
que sugirió embriagar mis sentidos con sus gotas de licor,
y bebí enardecido hasta que el alba nos agotó.
mas sumergido entre sus afluentes,
he renacido al milagro,
de haber encontrado mi dulce conspiración
y el sonido de su voz en arpegios de mar llegó,
iluminando mí semblante cuando en el pórtico su figura se modeló,
y al trasluz de las velas,
he cogido el vino que desde su silueta,
en mi boca se arrebató.
Anoche el vino se hizo uva en mi boca,
y su cuerpo se hizo grácil en el tonel,
que guardaba celoso la delicadeza de su flor,
haciendo embriagador su fruto anclado bajo mi nariz,
que jugueteaba con ambrosías desde su matriz.
Anoche paladeé su olor,
y borracho de mis sentidos me sugirió beber,
hasta acabar la última gota,
que desde mi copa en su piel se anidó
y extasiada transitó mi lengua,
por el borde del exquisito umbral,
agitando con frenesí cada sorbo,
que amontonaba quejidos entre mis labios y su pudor.
Anoche empapé su dulce sudor,
chorreando enardecido cada espacio de mi voz,
que desde mis besos en abrazos de ríos fluyó
provocando torrentosas corrientes,
que desde su vertiente me arrastró,
agotando quejidos y suspiros,
que en delicioso remanso desembocó.
Anoche entre vino y ríos fui caudillo de su voz,
que sugirió embriagar mis sentidos con sus gotas de licor,
y bebí enardecido hasta que el alba nos agotó.
mas sumergido entre sus afluentes,
he renacido al milagro,
de haber encontrado mi dulce conspiración