luis_pando
Poeta recién llegado
Samsahara
Luis Pando
Luis Pando
Bajo la herencia de un violinista del cosmos
y a la sombra de dos estrellas solitarias,
me sitúo en un incólume concierto:
yo músico, y tú violín;
hoy serás mi melodía,
hoy mis manos descifrarán
tus cuerdas.
Para trovar en mí lo más bello y jamás escuchado,
para sentir como tus manos
me transmiten
amor.
Entonces sé músico y hazme vibrar, mi enamorado,
al compás y al compás
de tu canción.
Pequeña gota cósmica de mujer,
cuerda infinita de amor natural:
pareces diminuta,
pero de pronto
dulce violín,
mis manos recorren las cuerdas
de tu cabello, creces.
Eres inmensa mi música nocturna:
aleteas y aleteas
con la delicada melodía
que extraigo de tu rostro.
Vibran las cuerdas de tus oídos,
se estremecen las de tu cuello,
pequeñas para mí
e inmensas de sentimientos.
En instantes me alejo
pues tus notas tan dulces
me hacen estremecer,
me hacen volar al ritmo
de tu corazón,
al ritmo de tu alma;
me hacen querer fundirme junto a ti,
hacer la fusión de músico-violín.
Lentamente descubro la música
de tu interior,
lentamente descubro, pequeña,
las cuerdas de tu corazón.
Una a una, presas de mi ritmo,
una a una, presas de mi emoción.
Una a una, mi diosa mejicana,
una a una, tus cuerdas serán yo.
En un acto de amor te venero,
arrodillado oyendo las campanas de Dios,
en mis brazos tú eres mi sombra,
y juntos, más que juntos, hoy somos uno,
y hoy somos dos.
Tus cuerdas en mis brazos
enternecen
mi canción;
y las cuerdas de tus labios
son perfecto ritmo,
son perfecta tensión.
Entonces el ritmo acaba
y las cuerdas descansan en mi yo
esperando volver a sentir el ritmo
que proviene de tu corazón
y que toca el mío,
cuando eres músico
que su violín tomó.
Termina esta sinfonía
para quienes oyen al trovador,
pero en tus labios seguiré cantando
la melodía,
la noche,
tu protección.
y a la sombra de dos estrellas solitarias,
me sitúo en un incólume concierto:
yo músico, y tú violín;
hoy serás mi melodía,
hoy mis manos descifrarán
tus cuerdas.
Para trovar en mí lo más bello y jamás escuchado,
para sentir como tus manos
me transmiten
amor.
Entonces sé músico y hazme vibrar, mi enamorado,
al compás y al compás
de tu canción.
Pequeña gota cósmica de mujer,
cuerda infinita de amor natural:
pareces diminuta,
pero de pronto
dulce violín,
mis manos recorren las cuerdas
de tu cabello, creces.
Eres inmensa mi música nocturna:
aleteas y aleteas
con la delicada melodía
que extraigo de tu rostro.
Vibran las cuerdas de tus oídos,
se estremecen las de tu cuello,
pequeñas para mí
e inmensas de sentimientos.
En instantes me alejo
pues tus notas tan dulces
me hacen estremecer,
me hacen volar al ritmo
de tu corazón,
al ritmo de tu alma;
me hacen querer fundirme junto a ti,
hacer la fusión de músico-violín.
Lentamente descubro la música
de tu interior,
lentamente descubro, pequeña,
las cuerdas de tu corazón.
Una a una, presas de mi ritmo,
una a una, presas de mi emoción.
Una a una, mi diosa mejicana,
una a una, tus cuerdas serán yo.
En un acto de amor te venero,
arrodillado oyendo las campanas de Dios,
en mis brazos tú eres mi sombra,
y juntos, más que juntos, hoy somos uno,
y hoy somos dos.
Tus cuerdas en mis brazos
enternecen
mi canción;
y las cuerdas de tus labios
son perfecto ritmo,
son perfecta tensión.
Entonces el ritmo acaba
y las cuerdas descansan en mi yo
esperando volver a sentir el ritmo
que proviene de tu corazón
y que toca el mío,
cuando eres músico
que su violín tomó.
Termina esta sinfonía
para quienes oyen al trovador,
pero en tus labios seguiré cantando
la melodía,
la noche,
tu protección.