VISIÓN NOCTURNA DE UN PUEBLO SERRANO
El ojo amarillo del gran gato
nocturnamente acechante
vigila desde el cielo tan huidizo
las piedras y las calles silenciosas
regándolas con su mirada láctea.
Las esquinas de la torre
y las canales de los tejados
se retuercen en espasmos
de ansiedad anudándose
como un rural Laocoonte
luchando contra su destino.
Se desliza por las calles
un perverso aroma antiguo
y desde la severa iglesia
los inciensos esparcidos
acicalan las lujurias
que burbujean en las casas.
En el Cancillo (*) ancestral
pasean entre las adpilistras
viejas proclamas de ojos
que fisgaron entre rejas
a dolientes estantiguas
y a dolorosas doncellas.
Todavía el eco de esas miradas
rebota contra los pilares añosos
que recogen en sus hiendas
aromas de hojaldres y de hierbabuenas
Entre las poderosas piedras
dormitan las lagartijas.
Suenan las campanadas
en el reloj de la torre
Troceando el tiempo fugaz
dang dang dang
con voz de vieja cansada
espantando a los murciélagos.
La sombra de ese sonido revolotea
entre los sueños procaces
buscando acomodo en lechos
tibios lechos de muchachas
dang dang dang
son las tres de la madrugada…
(*) Cancillo. Arrabal del pueblo
El ojo amarillo del gran gato
nocturnamente acechante
vigila desde el cielo tan huidizo
las piedras y las calles silenciosas
regándolas con su mirada láctea.
Las esquinas de la torre
y las canales de los tejados
se retuercen en espasmos
de ansiedad anudándose
como un rural Laocoonte
luchando contra su destino.
Se desliza por las calles
un perverso aroma antiguo
y desde la severa iglesia
los inciensos esparcidos
acicalan las lujurias
que burbujean en las casas.
En el Cancillo (*) ancestral
pasean entre las adpilistras
viejas proclamas de ojos
que fisgaron entre rejas
a dolientes estantiguas
y a dolorosas doncellas.
Todavía el eco de esas miradas
rebota contra los pilares añosos
que recogen en sus hiendas
aromas de hojaldres y de hierbabuenas
Entre las poderosas piedras
dormitan las lagartijas.
Suenan las campanadas
en el reloj de la torre
Troceando el tiempo fugaz
dang dang dang
con voz de vieja cansada
espantando a los murciélagos.
La sombra de ese sonido revolotea
entre los sueños procaces
buscando acomodo en lechos
tibios lechos de muchachas
dang dang dang
son las tres de la madrugada…
(*) Cancillo. Arrabal del pueblo
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