Zillah
Poeta recién llegado
Observe a un hombre,
vestido con telas de oro
clavándose a si mismo
en su brillante cruz.
La hermana de mi alma
gemela luce como una
prostituta de galilea, dulce
como el vino y de ojos muertos.
Fue absuelta de sus pecados
por varios sacerdotes,
que con discreción
visitaron su cama.
Fui una de las victimas
de su intrincada telaraña.
Escuche el llanto de la viuda
y se convirtió en mi canción de cuna.
Entre llamas busqué el perdón.
Detrás de sus ojos azules abracé
sus pensamientos, con una
delicadeza indigna de mí.
Ya no soy adicto, encontré paz
en el tesoro que descansa entre
sus piernas, tan firmes y hermosas
como los pilares del templo de Diana.
vestido con telas de oro
clavándose a si mismo
en su brillante cruz.
La hermana de mi alma
gemela luce como una
prostituta de galilea, dulce
como el vino y de ojos muertos.
Fue absuelta de sus pecados
por varios sacerdotes,
que con discreción
visitaron su cama.
Fui una de las victimas
de su intrincada telaraña.
Escuche el llanto de la viuda
y se convirtió en mi canción de cuna.
Entre llamas busqué el perdón.
Detrás de sus ojos azules abracé
sus pensamientos, con una
delicadeza indigna de mí.
Ya no soy adicto, encontré paz
en el tesoro que descansa entre
sus piernas, tan firmes y hermosas
como los pilares del templo de Diana.