Von Lioncourt
Poeta recién llegado
Estúpidamente estúpida, la visión reluciente, rayando a la ceguera
me consumía la mirada, devorándome los ojos. Un punto donde
no encontré la fuerza de mi voz, ni reuní el valor de desaparecer.
Yo de pié, estúpidamente en silencio, con deseos de parecer inteligente,
cuando en realidad era el ser más vulnerable, de famélico espíritu,
carente de razón. Con la mente en el vacío, para decirlo de otro modo.
Estando de pie a solas, de pronto me asaltó un sólo pensamiento
-el último de todos estos días- el del anhelo de tu constante presencia.
No, el del anhelo de tu eterno amor.
Tan tonto y ordinario pensamiento, pero me pareció de alguna forma
dentro de toda la incoherencia, el más especial en ese instante.
¿De dónde viene el sonido de tu voz? ¿Por qué ese pensamiento?
Luz, todo era luz, o así lo creí. Me sentí tocada por un ángel
-otra increíble estupidez- bajo las alas de un ángel negro,
con lágrimas de sangre. Por un momento creí que era mi reflejo. Así
de egoista soy.
No había nada y la nada giraba en torno a mí, era un visión pero real.
La bruma se arremolinó sumiéndome en el sopor, ahora incapaz de
siquiera respirar.
Cuando recuperé la sensatez, noté la soledad del mundo como una vieja catedral cayendo sobre mí. Comprendí que te habías ido -o quizá
nunca habías estado- que me había perdido en el último -o primer- beso.
me consumía la mirada, devorándome los ojos. Un punto donde
no encontré la fuerza de mi voz, ni reuní el valor de desaparecer.
Yo de pié, estúpidamente en silencio, con deseos de parecer inteligente,
cuando en realidad era el ser más vulnerable, de famélico espíritu,
carente de razón. Con la mente en el vacío, para decirlo de otro modo.
Estando de pie a solas, de pronto me asaltó un sólo pensamiento
-el último de todos estos días- el del anhelo de tu constante presencia.
No, el del anhelo de tu eterno amor.
Tan tonto y ordinario pensamiento, pero me pareció de alguna forma
dentro de toda la incoherencia, el más especial en ese instante.
¿De dónde viene el sonido de tu voz? ¿Por qué ese pensamiento?
Luz, todo era luz, o así lo creí. Me sentí tocada por un ángel
-otra increíble estupidez- bajo las alas de un ángel negro,
con lágrimas de sangre. Por un momento creí que era mi reflejo. Así
de egoista soy.
No había nada y la nada giraba en torno a mí, era un visión pero real.
La bruma se arremolinó sumiéndome en el sopor, ahora incapaz de
siquiera respirar.
Cuando recuperé la sensatez, noté la soledad del mundo como una vieja catedral cayendo sobre mí. Comprendí que te habías ido -o quizá
nunca habías estado- que me había perdido en el último -o primer- beso.
Y ahora tu ausencia se derramará al infinito.