Cada vez, que me atropellan impaciencias… invento nuevos gestos en celeste,
mientras nos derrama sus estrellas, Acuario.
Cocteleras y más cocteleras, abrevaderos del caballo multicolor,
ese lugar, donde la luna se pone los guantes.
Acaso un arañar de helechos, de exuberancias sin control…
acaso, la sonrisa cercana...
Acaso cuando apareces descalza, entre brillantísimas cerámicas, y surtidores de esperanzas exóticas…
acaso, otro lecho de auras detrás del ojo.
Espejismos de uno mismo, y ciudades que visitan, la deidad de mil brazos.
Veo extenderse las atmósferas hipnóticas…
susurrar los horizontes, a los símbolos brumosos,
a los balcones orientales.
Veo sendas de elefantes, por las tabernas...
veo un argumento impetuoso, la huella de un meteoro.
Veo nuestras palabras, instalar dragones detrás del tiempo,
donde todo encaja, entre sus dedos mágicos.
mientras nos derrama sus estrellas, Acuario.
Cocteleras y más cocteleras, abrevaderos del caballo multicolor,
ese lugar, donde la luna se pone los guantes.
Acaso un arañar de helechos, de exuberancias sin control…
acaso, la sonrisa cercana...
Acaso cuando apareces descalza, entre brillantísimas cerámicas, y surtidores de esperanzas exóticas…
acaso, otro lecho de auras detrás del ojo.
Espejismos de uno mismo, y ciudades que visitan, la deidad de mil brazos.
Veo extenderse las atmósferas hipnóticas…
susurrar los horizontes, a los símbolos brumosos,
a los balcones orientales.
Veo sendas de elefantes, por las tabernas...
veo un argumento impetuoso, la huella de un meteoro.
Veo nuestras palabras, instalar dragones detrás del tiempo,
donde todo encaja, entre sus dedos mágicos.
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