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Christian
A Rosana.
Ante la irremediable prontitud
con que amanece cada cosa,
no me explico cómo siempre
se adelanta su parsimonioso entusiasmo
con una normalidad
que parece bostezarle a cada sol
y a cada hora.
Se adelanta porque uno
desayuna por las noches
de su sueño de media luna
y cena en la mañana
del recuerdo de la noche bien a oscuras.
Es
-estar a su lado-
la víspera de la alegría,
como ésas de años nuevos,
o la de las primeras veces,
o aquellas en que sé que voy a verla.
Pero verla no es lo mismo
que empezar un año
o empezar las veces,
llegar a usted, después de su víspera,
es revivir su recuerdo
en la piel y en la sien,
y es saber que además
el día después de su víspera,
es la víspera del día después.
Ante la irremediable prontitud
con que amanece cada cosa,
no me explico cómo siempre
se adelanta su parsimonioso entusiasmo
con una normalidad
que parece bostezarle a cada sol
y a cada hora.
Se adelanta porque uno
desayuna por las noches
de su sueño de media luna
y cena en la mañana
del recuerdo de la noche bien a oscuras.
Es
-estar a su lado-
la víspera de la alegría,
como ésas de años nuevos,
o la de las primeras veces,
o aquellas en que sé que voy a verla.
Pero verla no es lo mismo
que empezar un año
o empezar las veces,
llegar a usted, después de su víspera,
es revivir su recuerdo
en la piel y en la sien,
y es saber que además
el día después de su víspera,
es la víspera del día después.