BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Después
de cometer los crímenes
se precisan manos
de ángeles o turbios demonios
que instalen
un sufrimiento de tanatorio
entre los cristales
de los huérfanos y los huéspedes.
Que rueden los trenes
con sus ruedas metálicas infinitas
sobre los tragaluces de las puertas,
que se pliegan para sí mismas,
artificiales, redondas, y devastadas
por un interrogante, por una duda
esencial (son para que nuestra locura,
no traspase la de los demás; vive y deja
vivir).
©
de cometer los crímenes
se precisan manos
de ángeles o turbios demonios
que instalen
un sufrimiento de tanatorio
entre los cristales
de los huérfanos y los huéspedes.
Que rueden los trenes
con sus ruedas metálicas infinitas
sobre los tragaluces de las puertas,
que se pliegan para sí mismas,
artificiales, redondas, y devastadas
por un interrogante, por una duda
esencial (son para que nuestra locura,
no traspase la de los demás; vive y deja
vivir).
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