AMANT
Poeta adicto al portal
Desesperada, nerviosa,
con reminiscencias tuyas,
el tiempo devanaba.
De melancolía colmado,
en mis adentros,
un músculo escarlata palpitaba
y a mil revoluciones
mi mente te pensaba.
A despedida,
a cadáver putrefacto,
el aire, un hedor tenía.
Respiraba mi esencia,
la inhalaba, de a poco.
Sin alegría, alicaída, sonreía,
con la mirada nublada,
completamente abatida.
Sabor a carne en estado
de descomposición
la realidad tenía...
Presa de la tristeza,
mi ser, te amaba
¡Sí, cómo te amo!
la idea de dejarte me atemorizaba.
La muerte me tendía la mano,
acariciarme deseaba
y a besos brindar a mi alma
toda la paz que anhelaba.
La veía aproximarse
empuñando tu indiferencia,
arma álgida y blanca,
que torna lóbrega mi existencia,
al tiempo que paladeaba
las ácidas esquirlas de la soledad,
sin ti, sin vos, sin tu presencia.
Aniquilarme ansiaba
mas al ver las salinas perlas
que de mis ojos manaban,
de opinión sabiamente cambió,
pues con llanto,
el precio de vivir había pagado.
Dolor de fuego quemándome,
vivos: piel, carne y huesos, sentía...
Era inútil mentir... te amaba.
Era, y es, una verdad este amor,
creciendo al par del tiempo,
alimentándose del pan duro
de la distancia,
bebiendo de tu ausencia,
las cenagosas aguas.
_Sobreviviendo_.
Era tarde ya.
De aquella enfermedad incurable,
no podía escapar;
sólo, callar
mientras, lentamente,
disfrutando cada bocado,
me devoraba la nada.
con reminiscencias tuyas,
el tiempo devanaba.
De melancolía colmado,
en mis adentros,
un músculo escarlata palpitaba
y a mil revoluciones
mi mente te pensaba.
A despedida,
a cadáver putrefacto,
el aire, un hedor tenía.
Respiraba mi esencia,
la inhalaba, de a poco.
Sin alegría, alicaída, sonreía,
con la mirada nublada,
completamente abatida.
Sabor a carne en estado
de descomposición
la realidad tenía...
Presa de la tristeza,
mi ser, te amaba
¡Sí, cómo te amo!
la idea de dejarte me atemorizaba.
La muerte me tendía la mano,
acariciarme deseaba
y a besos brindar a mi alma
toda la paz que anhelaba.
La veía aproximarse
empuñando tu indiferencia,
arma álgida y blanca,
que torna lóbrega mi existencia,
al tiempo que paladeaba
las ácidas esquirlas de la soledad,
sin ti, sin vos, sin tu presencia.
Aniquilarme ansiaba
mas al ver las salinas perlas
que de mis ojos manaban,
de opinión sabiamente cambió,
pues con llanto,
el precio de vivir había pagado.
Dolor de fuego quemándome,
vivos: piel, carne y huesos, sentía...
Era inútil mentir... te amaba.
Era, y es, una verdad este amor,
creciendo al par del tiempo,
alimentándose del pan duro
de la distancia,
bebiendo de tu ausencia,
las cenagosas aguas.
_Sobreviviendo_.
Era tarde ya.
De aquella enfermedad incurable,
no podía escapar;
sólo, callar
mientras, lentamente,
disfrutando cada bocado,
me devoraba la nada.
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