Del despojo en que uno queda
después de exigir del mundo
la satisfacción de sus trivialidades,
encontrando que ninguna de ellas
es necesaria, imprescindible;
náufrago en el mar de vanidades
que le hacen verse fugaz, inexistente,
preso en la cárcel de los miedos,
esclavo de inicuas debilidades,
acólito de divinidades falsas inventadas
por innombrables e inmorales mercaderes,
proscrito recurrente de las alegrías,
negación de la afirmación de las verdades;
sin más que el bastón de sus pesares,
envuelto en el pañuelo de sus soledades,
no tiene más que asirse al junquillo
débil y quebradizo de sus esperanzas,
presintiendo la caída de irreales farallones
sobre sus huecas e inútiles seguridades,
persistiendo a porfía en sus ilusiones,
creyendo aún, iluso, que algo hay más allá
de la isla desorbitada de sus sueños:
¿a dónde va esa alma en semejante trance,
sino a la búsqueda incesante de sí misma
para volver a perderse en ese laberinto
llamado tiempovida, tiempomuerte?
No tiene más que desesperada decirse:
vive, no más, vive; o si quieres, sobrevive,
que ya vivir es un milagro,
y sobrevivir es un portento.
después de exigir del mundo
la satisfacción de sus trivialidades,
encontrando que ninguna de ellas
es necesaria, imprescindible;
náufrago en el mar de vanidades
que le hacen verse fugaz, inexistente,
preso en la cárcel de los miedos,
esclavo de inicuas debilidades,
acólito de divinidades falsas inventadas
por innombrables e inmorales mercaderes,
proscrito recurrente de las alegrías,
negación de la afirmación de las verdades;
sin más que el bastón de sus pesares,
envuelto en el pañuelo de sus soledades,
no tiene más que asirse al junquillo
débil y quebradizo de sus esperanzas,
presintiendo la caída de irreales farallones
sobre sus huecas e inútiles seguridades,
persistiendo a porfía en sus ilusiones,
creyendo aún, iluso, que algo hay más allá
de la isla desorbitada de sus sueños:
¿a dónde va esa alma en semejante trance,
sino a la búsqueda incesante de sí misma
para volver a perderse en ese laberinto
llamado tiempovida, tiempomuerte?
No tiene más que desesperada decirse:
vive, no más, vive; o si quieres, sobrevive,
que ya vivir es un milagro,
y sobrevivir es un portento.