oscardelaermita
Poeta recién llegado
Vivo en el agujero de un pozo seco
Del que huyen las hormigas
Por el olor a formol acumulado.
Vivo en el estanque que te encuentras
Camino del fin, según mueres.
Vivo en el depósito de cadáveres
Rodeado de adictos al éter adulterado.
Vivo en la memoria de los irredentos,
En las marcas de las manos cansadas y honradas.
Vivo en el segundo minuto de tu hora de lucha,
En el instante en el que decides no rendirte,
No ceder al disparate vulgar y necio.
Vivo en el país de los muñones,
Pues hace vidas que no encuentro ni un solo gesto.
Vivo en la permanente sentencia,
Sin posibilidad al apelativo,
Ni soluciones paliativas.
Vivo entre los silencios solapados
Como viven las palabras del viejo orador
En el ágora de los sordos.
Vivo enfermo de vida adulterada,
de una vida de la que huyó lo bello
porque ya no lo aguantaba.
Prometió llevarme
Pero me olvidó
Pues aquí sigo escuchando a Leonard Cohen
Preguntándome por qué vivo.
Del que huyen las hormigas
Por el olor a formol acumulado.
Vivo en el estanque que te encuentras
Camino del fin, según mueres.
Vivo en el depósito de cadáveres
Rodeado de adictos al éter adulterado.
Vivo en la memoria de los irredentos,
En las marcas de las manos cansadas y honradas.
Vivo en el segundo minuto de tu hora de lucha,
En el instante en el que decides no rendirte,
No ceder al disparate vulgar y necio.
Vivo en el país de los muñones,
Pues hace vidas que no encuentro ni un solo gesto.
Vivo en la permanente sentencia,
Sin posibilidad al apelativo,
Ni soluciones paliativas.
Vivo entre los silencios solapados
Como viven las palabras del viejo orador
En el ágora de los sordos.
Vivo enfermo de vida adulterada,
de una vida de la que huyó lo bello
porque ya no lo aguantaba.
Prometió llevarme
Pero me olvidó
Pues aquí sigo escuchando a Leonard Cohen
Preguntándome por qué vivo.