Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cada día que amanezco la luz se cuela por mi ventana
y siento tu éter que se mece en el aire
colándose cálida entre mis sábanas,
cada día que vengo amaneciendo,
desde que te ubiqué en una ventana,
el resplandor se ha hecho eterno entre mis cejas.
Cada día que estoy comenzando tu voz ya es un hecho
y el trinar donde se cuela un susurro,
se hace brisa en mi piel,
cada día que se presagia amanecer con tu perfume
se embriagan mis sentidos,
haciendo exquisito el elixir que se queda en mi boca.
Cada día que se abre mi alma,
destellos irisan siluetas,
que hasta hace un tiempo se consentían oscuras
y en paletas de pinturas someto el pincel,
del pintor que concitaba trazos de negro café
derramando por hoy gotas de dulce color,
haciéndome espacio entre la comisura de tu suave sabor,
que enamorada se apresta a recibir mi vivo caudal.
Cada día se abre tu compuerta,
para regar extenso desde mi torrente,
depurando mi agua fértil
entre los surcos que brindan tus brazos,
comenzando por la cima y acabando debajo del sol.
Solsticios desde mi alma
que en sortilegio procuró espacios
para adosar perenne en tu piel
y concitar conciertos de arrullos,
que hasta hace un rato sólo era quimera,
que se envanecía jugando divertida,
con la aparición de tu sonrisa anhelada
y siento tu éter que se mece en el aire
colándose cálida entre mis sábanas,
cada día que vengo amaneciendo,
desde que te ubiqué en una ventana,
el resplandor se ha hecho eterno entre mis cejas.
Cada día que estoy comenzando tu voz ya es un hecho
y el trinar donde se cuela un susurro,
se hace brisa en mi piel,
cada día que se presagia amanecer con tu perfume
se embriagan mis sentidos,
haciendo exquisito el elixir que se queda en mi boca.
Cada día que se abre mi alma,
destellos irisan siluetas,
que hasta hace un tiempo se consentían oscuras
y en paletas de pinturas someto el pincel,
del pintor que concitaba trazos de negro café
derramando por hoy gotas de dulce color,
haciéndome espacio entre la comisura de tu suave sabor,
que enamorada se apresta a recibir mi vivo caudal.
Cada día se abre tu compuerta,
para regar extenso desde mi torrente,
depurando mi agua fértil
entre los surcos que brindan tus brazos,
comenzando por la cima y acabando debajo del sol.
Solsticios desde mi alma
que en sortilegio procuró espacios
para adosar perenne en tu piel
y concitar conciertos de arrullos,
que hasta hace un rato sólo era quimera,
que se envanecía jugando divertida,
con la aparición de tu sonrisa anhelada