Anna Politkóvskaya
Poeta fiel al portal
En la habitación que huele a noche
vivos los ojos,
aunque vacíos de su cuerpo,
miran a través de la ventana
cómo los tejados,
una vez que ha dejado de llover
y sin abandonar del todo su color rojizo,
son camaleones
reflejando los azules y grises
de un cielo a punto de abrirse
nuevamente a la alegría;
y sin embargo, inextinguibles son la sed
y el insomnio de calavera
en la habitación donde vivos
los ojos no pueden mirar más allá,
porque siempre está sonando la noche
como la línea quebrada de una pantalla,
como la gota continua alimentando un cuerpo inerte.
vivos los ojos,
aunque vacíos de su cuerpo,
miran a través de la ventana
cómo los tejados,
una vez que ha dejado de llover
y sin abandonar del todo su color rojizo,
son camaleones
reflejando los azules y grises
de un cielo a punto de abrirse
nuevamente a la alegría;
y sin embargo, inextinguibles son la sed
y el insomnio de calavera
en la habitación donde vivos
los ojos no pueden mirar más allá,
porque siempre está sonando la noche
como la línea quebrada de una pantalla,
como la gota continua alimentando un cuerpo inerte.