Lamentación sumergida.
Escorzo del espíritu
que no alcanza erguirse
bajo el yugo de tu
látigo firme.
Mañana somnífera
de aliento etílico.
Vago.
Palidez de tez,
silueta huesuda,
serpenteante.
Rutina constante
del día a día
que se arrastra
por las aceras prietas
de las callejas
más que conocidas,
estrechas.
Camino del vertedero.
Cuando la inercia
es una constante física
que va a ninguna parte
para llegar al mismo lugar de siempre
que no lleva
a ningún sitio concreto.
Sin esperar nada del día.
Hacia el mismo rincón del ayer
igual que hoy.
Acodado en la perpetuidad
de un pensamiento volátil
que fue, es y será.
Escorzo del espíritu
que no alcanza erguirse
bajo el yugo de tu
látigo firme.
Mañana somnífera
de aliento etílico.
Vago.
Palidez de tez,
silueta huesuda,
serpenteante.
Rutina constante
del día a día
que se arrastra
por las aceras prietas
de las callejas
más que conocidas,
estrechas.
Camino del vertedero.
Cuando la inercia
es una constante física
que va a ninguna parte
para llegar al mismo lugar de siempre
que no lleva
a ningún sitio concreto.
Sin esperar nada del día.
Hacia el mismo rincón del ayer
igual que hoy.
Acodado en la perpetuidad
de un pensamiento volátil
que fue, es y será.