Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
Te conocí no sé cuando, detrás del ensordecedor bullicio,
eras una mera aparición desconcertada y tímida,
y no obstante mi corazón dio un vuelco irreparable.
Padecías, lo sé hermosa niña de rizos, padecías...
Habías aprendido el arte de permanecer a salvo
dentro de los espejos que ahondaban tus recovecos
como aludes resucitando una vez más tu fragorosa infancia,
la angustiosa e inolvidable infancia del ataque despiadado,
que te incineró con su maldito embrujo y descubrió la
dudosa certeza de estar, de quedar en inciertas formas de vida
que de un sólo tajo dejó una mariposa casi inmóvil,
aleteando desconcertada en el silencio más simple de la brisa
intentando olvidar el infame bullicio de los hombres...
eras una mera aparición desconcertada y tímida,
y no obstante mi corazón dio un vuelco irreparable.
Padecías, lo sé hermosa niña de rizos, padecías...
Habías aprendido el arte de permanecer a salvo
dentro de los espejos que ahondaban tus recovecos
como aludes resucitando una vez más tu fragorosa infancia,
la angustiosa e inolvidable infancia del ataque despiadado,
que te incineró con su maldito embrujo y descubrió la
dudosa certeza de estar, de quedar en inciertas formas de vida
que de un sólo tajo dejó una mariposa casi inmóvil,
aleteando desconcertada en el silencio más simple de la brisa
intentando olvidar el infame bullicio de los hombres...
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