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Christian
A Rosana
A pesar de lo que digan
los ilustres y los otros
la nada es al fin y al cabo
un sin fin de fantasías.
Suele ser de todo, un poco,
y para no tan pocos casi todo.
Entonces pues, la nada,
esta simplísima cualidad inexistente,
es acaso la más real de las vivencias,
las más audaz de todas las promesas,
el más mordaz de todos los destinos.
Y a pesar de lo que digan
los filósofos sin honores,
la nada es al fin de cuentas
no ya una forma de muerte
sino una forma viviente,
que asegura que casi todo
esté al borde de perderse,
o quizá la razón que resalta
todo el logro conseguido.
Ahora bien,
que hermoso es verte siempre
flotando entre tanta nada.
A pesar de lo que digan
los ilustres y los otros
la nada es al fin y al cabo
un sin fin de fantasías.
Suele ser de todo, un poco,
y para no tan pocos casi todo.
Entonces pues, la nada,
esta simplísima cualidad inexistente,
es acaso la más real de las vivencias,
las más audaz de todas las promesas,
el más mordaz de todos los destinos.
Y a pesar de lo que digan
los filósofos sin honores,
la nada es al fin de cuentas
no ya una forma de muerte
sino una forma viviente,
que asegura que casi todo
esté al borde de perderse,
o quizá la razón que resalta
todo el logro conseguido.
Ahora bien,
que hermoso es verte siempre
flotando entre tanta nada.