Sinuhé
Poeta adicto al portal
Como desierto nevado, como irritante crepúsculo prolongado y ciego;
como un fantasma, tu voz, tus últimas palabras deseo.
Y construir con ellas, refugios donde habiten tus pequeños pasos peregrinos.
Prisioneros míos, cansados, a mí dirigidos; caminando en este valle escondido.
Como calcinan tus recuerdos entonces extendidos sobre el tiempo.
Sobre la madeja material y absoluta que teje las vendas,
y cubre las heridas de este valle evitado.
Este territorio estrecho donde no existe la vida, y el latido del silencio no cesa.
Entonces, en ese instante; rescata tu presencia blanca faz.
Majestuosa presencia tuya.
Regresa a luchar contra este viento que me quema,
regresa a salvarme de esta ceguera dolorida.
Cúbreme, amada. Cura mis desnudos brazos abrasados.
Llena con tu sangre los arroyos de este valle sombrío;
florécelo de tus risas y habítalo. Llena sus cuencas con tu lluvia infinita.
No regreses más a tu estancia de luz, quédate;
cuida con tus manos este jardín sumergido.
Descansa de tu viaje y por favor, ya no te vayas;
no, no te marches, que el incendio regresará con tu partida.
Quédate, no me abandones; no me dejes sin tu celeste presencia.
Llena todo el tiempo que me queda de ti.
Como si nada se nos hubiese perdido.
Como si la mañana todavía fuese nuestra y la noche constelada aún,
no te hubiera escondido.
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como un fantasma, tu voz, tus últimas palabras deseo.
Y construir con ellas, refugios donde habiten tus pequeños pasos peregrinos.
Prisioneros míos, cansados, a mí dirigidos; caminando en este valle escondido.
Como calcinan tus recuerdos entonces extendidos sobre el tiempo.
Sobre la madeja material y absoluta que teje las vendas,
y cubre las heridas de este valle evitado.
Este territorio estrecho donde no existe la vida, y el latido del silencio no cesa.
Entonces, en ese instante; rescata tu presencia blanca faz.
Majestuosa presencia tuya.
Regresa a luchar contra este viento que me quema,
regresa a salvarme de esta ceguera dolorida.
Cúbreme, amada. Cura mis desnudos brazos abrasados.
Llena con tu sangre los arroyos de este valle sombrío;
florécelo de tus risas y habítalo. Llena sus cuencas con tu lluvia infinita.
No regreses más a tu estancia de luz, quédate;
cuida con tus manos este jardín sumergido.
Descansa de tu viaje y por favor, ya no te vayas;
no, no te marches, que el incendio regresará con tu partida.
Quédate, no me abandones; no me dejes sin tu celeste presencia.
Llena todo el tiempo que me queda de ti.
Como si nada se nos hubiese perdido.
Como si la mañana todavía fuese nuestra y la noche constelada aún,
no te hubiera escondido.
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:: hola