Ricardo R. Ruiz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Agonizaba el verano,
yo de la mano con el;
la pena se me agolpaba
cuando la pude saber.
Eran oscuras mis tardes,
cuando se me amaneció;
eran arena y cenizas,
cuando mi estrella la amó.
Y me miraron los cielos,
y me entregaron su voz;
penaba yo mal herido,
cuando Ximena me habló.
Con sus cobrizos cabellos,
en su divina canción,
me bendijeron sus ojos,
como radiantes de amor.
Ximena, cándida y pía,
ángel de mi salvación.
De la ignominia levanto,
por el mandato de Dios.
Hazme cubierto de brillos,
terminado haz mi prisión.
Hoy me protegen tus alas
y tu laúd trovador!
yo de la mano con el;
la pena se me agolpaba
cuando la pude saber.
Eran oscuras mis tardes,
cuando se me amaneció;
eran arena y cenizas,
cuando mi estrella la amó.
Y me miraron los cielos,
y me entregaron su voz;
penaba yo mal herido,
cuando Ximena me habló.
Con sus cobrizos cabellos,
en su divina canción,
me bendijeron sus ojos,
como radiantes de amor.
Ximena, cándida y pía,
ángel de mi salvación.
De la ignominia levanto,
por el mandato de Dios.
Hazme cubierto de brillos,
terminado haz mi prisión.
Hoy me protegen tus alas
y tu laúd trovador!