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XVIII.- Acércate a beber hasta mi alberca.

UCRONICO

Poeta recién llegado

Acércate a beber hasta mi alberca,
camarada de gozos y fatigas,
acércate a rondar hasta mi cerca,
circundada de cardos y de ortigas.



Molture mis espigas
el molino que muele tu alimento,
convirtiendo en harina la voluntad más terca
y en suspiros los ecos de mi aliento.



Por estar preparado,
por sentir más temprano te presiento...
por saberme de nuevo enamorado,
prisionero en tus redes,
diera yo mi sostén y mi sustento.



No has llegado y te pido que te quedes
a vivir en mi vida,
extranjero esperado, sólo puedes
tú evocar otros reinos y fronteras
y apagar esta inercia empedernida
de mis devanaderas.


Amor, si tu supieras
cómo sufren las almas que torturas,
cuán amargos los besos que no has dado...
Amor, que no has amado,
ni gustado esas negras amarguras
tan negras, tan oscuras
como el fondo de un pozo...
¡Amor, que no has amado!


Esta ausencia de ti de la que gozo
es la esencia de amor de los poetas,
platónicos amantes
del llanto, del sollozo,
olvidados del mundo, anacoretas
que inventan en su mente, trozo a trozo,
sonetos consonantes,
donde hilvanan en vano, paso a paso,
sus hechizos de amor y sus recetas.


Al borde del ocaso,
en el límite mismo del mañana,
decidí dar al mundo razón de mi fracaso,
revelar el porqué de mi desgana.
Apostado en la incierta barbacana
de un castillo en el aire, yo veía
la partida del mítico Pegaso,
que sembraba de sombras mi semblante
y robaba las luces de mi día.
De ahora en adelante
bajaré hasta tu encuentro, vida mía.
Corazón palpitante,
tu amoroso latir desafiante
es el eco del sónar que me guía.


Júpiter fulminante
despertó mis sentidos un estío,
tras la corta y tardía primavera.
Y sentí crepitar en mi vacío
el fragor de vacías caracolas.
Voluntad traicionera:
como el viento también paras y rolas,
por ti casi zozobra mi navío.

Como Venus salida de las olas
vi de nuevo el semblante de mi Aurora
reflejado en el fondo de otros ojos.
Con su luz cegadora
casi pudo agostar las amapolas,
sangre de mi trigal,
cuajado de despojos
de una ofrenda sagrada y redentora


He buscado con ansia renovada
el sagrado grial
que contenga las lágrimas que dejo
gravitar como gotas de rocío
al albor de una nueva madrugada.
Querido amigo mío,
en la luna pulida de tu espejo
mi alma desalmada
ha encontrado de nuevo su reflejo.
 
Última edición:
Acércate a beber hasta mi alberca,
camarada de gozos y fatigas,
acércate a rondar hasta mi cerca,
circundada de cardos y de ortigas.

Molture mis espigas
el molino que muele tu alimento,
convirtiendo en harina la voluntad más terca
y en suspiros los ecos de mi aliento.

Por estar preparado,
por sentir más temprano te presiento...
por saberme de nuevo enamorado,
prisionero en tus redes,
diera yo mi sostén y mi sustento.

No has llegado y te pido que te quedes
a vivir en mi vida,
extranjero esperado, sólo puedes
tú evocar otros reinos y fronteras
y apagar esta inercia empedernida
de mis devanaderas.

Amor, si tu supieras
cómo sufren las almas que torturas,
cuán amargos los besos que no has dado...
Amor, que no has amado,
ni gustado esas negras amarguras,
tan negras, tan oscuras
como el fondo de un pozo...
¡Amor, que no has amado!

Esta ausencia de ti de la que gozo
es la esencia de amor de los poetas,
platónicos amantes
del llanto, del sollozo,
olvidados del mundo, anacoretas
que inventan en su mente, trozo a trozo,
sonetos consonantes,
donde hilvanan en vano, paso a paso,
sus hechizos de amor y sus recetas.

Al borde del ocaso,
en el límite mismo del mañana,
decidí dar al mundo razón de mi fracaso,
revelar el porqué de mi desgana.

Apostado en la incierta barbacana
de un castillo en el aire, yo veía
la partida del mítico Pegaso,
que sembraba de sombras mi semblante
y robaba las luces de mi día.

De ahora en adelante
bajaré hasta tu encuentro, vida mía.
Corazón palpitante,
tu amoroso latir desafiante
es el eco del sónar que me guía.

Júpiter fulminante
despertó mis sentidos un estío,
tras la corta y tardía primavera.
Y sentí crepitar en mi vacío
el fragor de vacías caracolas.
Voluntad traicionera:
como el viento también paras y rolas,
por ti casi zozobra mi navío.

Como Venus salida de las olas
vi de nuevo el semblante de mi Aurora
reflejado en el fondo de otros ojos.
Con su luz cegadora
casi pudo agostar las amapolas,
sangre de mi trigal,
cuajado de despojos
de una ofrenda sagrada y redentora.

He buscado con ansia renovada
el sagrado grial
que contenga las lágrimas que dejo
gravitar como gotas de rocío
al albor de una nueva madrugada.
Querido amigo mío,
en la luna pulida de tu espejo
mi alma desalmada
ha encontrado de nuevo su reflejo.

Buen poema veo rimas en algunos versos y muy entregado, grato leerle
 

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