darkneside
Poeta recién llegado
En la danza suave de un ocaso tímido,
te observo, libre, en tu solitario vuelo,
y aunque mi alma ansía estar en tu cielo,
respeta el aire que te envuelve, limpio.
No pretendo ser cadena, sino abrigo;
en la distancia, un callado compañero.
Mis versos son hojas al viento ligero,
que sin tocarte, te acompañan, y siguen.
Ríos de tinta fluyen en mi papel,
cada palabra, un suspiro contenido,
una ofrenda al amor no requerido,
un respeto a tu espacio y tu piel.
No busco llenar tus vacíos con mi presencia;
mi amor es ave que a lo lejos vela,
no aprisiona, no demanda, solo cela
de tu sonrisa la más pura esencia.
Así, en la tempestad o la serenidad,
mi amor es fuego que arde sin quemar,
que ilumina con ternura sin alumbrar
demasiado cerca de tu fragilidad.
Amarte es entender tu necesidad de soledad,
es adornar con flores el camino que andarás sola,
es amar cada parte de ti, incluso tu aura
de libertad que nadie debe estropear.
Tan solo saber, mi amada errante,
que en la bruma dialéctica de tu vuelo,
hay un corazón que, sin pedirte cielo,
te ofrece un refugio silente y constante…
te observo, libre, en tu solitario vuelo,
y aunque mi alma ansía estar en tu cielo,
respeta el aire que te envuelve, limpio.
No pretendo ser cadena, sino abrigo;
en la distancia, un callado compañero.
Mis versos son hojas al viento ligero,
que sin tocarte, te acompañan, y siguen.
Ríos de tinta fluyen en mi papel,
cada palabra, un suspiro contenido,
una ofrenda al amor no requerido,
un respeto a tu espacio y tu piel.
No busco llenar tus vacíos con mi presencia;
mi amor es ave que a lo lejos vela,
no aprisiona, no demanda, solo cela
de tu sonrisa la más pura esencia.
Así, en la tempestad o la serenidad,
mi amor es fuego que arde sin quemar,
que ilumina con ternura sin alumbrar
demasiado cerca de tu fragilidad.
Amarte es entender tu necesidad de soledad,
es adornar con flores el camino que andarás sola,
es amar cada parte de ti, incluso tu aura
de libertad que nadie debe estropear.
Tan solo saber, mi amada errante,
que en la bruma dialéctica de tu vuelo,
hay un corazón que, sin pedirte cielo,
te ofrece un refugio silente y constante…