***QueeN Ginevra***
Poeta adicto al portal
Y amé.
Simplemente hoy he cerrado mis ojos,
he respirado el aroma de la flor;
he caminado sin mirar ni tropezar,
hoy he levantado al cielo mis brazos.
Ayer me había cubierto de angustias y llantos,
de pensamientos por demás innecesarios;
de canticos sin nombre y versos sin sol,
de la verdad de mi alma, de la verdad del amanecer.
Ayer sufrí cómo nunca creí posible en lamentos.
Y coloreé con negro mate del sol los rayos,
busqué en mi corazón el odio y los reclamos,
en aquel pasado de antaño de sueños morados.
En aquellos sueños donde tú eras todos los dueños.
La fantasía de ser, de vivir y de reír juntos,
y ayer al recordarla odié todo y a todos,
odié al destino y al desconsuelo, a la risa y a los llantos.
Y después de odiar tanto entre las consignas de mis actos,
me di cuenta de que todo mi dolor era solo la mascara
con la que cubrí las verdades abandonadas de mi alma,
con la que aguanté sin caer de las pendientes altas.
Y supe que el dolor no era por una daga si no por flecha,
supe que el destino era prestigio y no enemigo,
entendí que el desconsuelo solo es un capricho
y que las fantasías no tenían por cumplir ninguna fecha.
Y quité lo negro del sol y dejé las nubes grises como recuerdo,
y pinté de morado mis sonrisas y sequé los llantos,
y ayer me dormí con el fin de resucitar entre tus brazos,
sabiendo que al amanecer no estaría a tu lado.
Y entonces la sangre de mi alma se borró
y de mis palabras los versos fueron tu voz,
y al abrir los ojos entendí que no existe perfección
y resucité con tu mano a mi lado sin la mía tomar.
Y vi la luz detrás de las nubes de tu cabello,
y vi a la luna en tus ojos y al mar en tus labios rojos.
Y vi a mi destino parado a tu lado y no en ti fusionado;
entonces te vi sonreír y vivir en mi sueño.
Y vi florecer al rosal y sentí no sus espinas sino su olor,
y comprendí que el mundo es un sueño por estar ahí
parada a tu lado, tan fuera y tan dentro de tu corazón.
Un solo suspiro de ti como último aliento para despertar.
Y hoy desperté con el aroma de ti en mi oxigeno,
al cerrar los ojos tu imagen, al abrirlos el cielo brillante,
y caminé entre la realidad con los brazos hacia el cielo;
entonces amé la ternura de tu voz y de tus ojos, entonces amé.
Simplemente hoy he cerrado mis ojos,
he respirado el aroma de la flor;
he caminado sin mirar ni tropezar,
hoy he levantado al cielo mis brazos.
Ayer me había cubierto de angustias y llantos,
de pensamientos por demás innecesarios;
de canticos sin nombre y versos sin sol,
de la verdad de mi alma, de la verdad del amanecer.
Ayer sufrí cómo nunca creí posible en lamentos.
Y coloreé con negro mate del sol los rayos,
busqué en mi corazón el odio y los reclamos,
en aquel pasado de antaño de sueños morados.
En aquellos sueños donde tú eras todos los dueños.
La fantasía de ser, de vivir y de reír juntos,
y ayer al recordarla odié todo y a todos,
odié al destino y al desconsuelo, a la risa y a los llantos.
Y después de odiar tanto entre las consignas de mis actos,
me di cuenta de que todo mi dolor era solo la mascara
con la que cubrí las verdades abandonadas de mi alma,
con la que aguanté sin caer de las pendientes altas.
Y supe que el dolor no era por una daga si no por flecha,
supe que el destino era prestigio y no enemigo,
entendí que el desconsuelo solo es un capricho
y que las fantasías no tenían por cumplir ninguna fecha.
Y quité lo negro del sol y dejé las nubes grises como recuerdo,
y pinté de morado mis sonrisas y sequé los llantos,
y ayer me dormí con el fin de resucitar entre tus brazos,
sabiendo que al amanecer no estaría a tu lado.
Y entonces la sangre de mi alma se borró
y de mis palabras los versos fueron tu voz,
y al abrir los ojos entendí que no existe perfección
y resucité con tu mano a mi lado sin la mía tomar.
Y vi la luz detrás de las nubes de tu cabello,
y vi a la luna en tus ojos y al mar en tus labios rojos.
Y vi a mi destino parado a tu lado y no en ti fusionado;
entonces te vi sonreír y vivir en mi sueño.
Y vi florecer al rosal y sentí no sus espinas sino su olor,
y comprendí que el mundo es un sueño por estar ahí
parada a tu lado, tan fuera y tan dentro de tu corazón.
Un solo suspiro de ti como último aliento para despertar.
Y hoy desperté con el aroma de ti en mi oxigeno,
al cerrar los ojos tu imagen, al abrirlos el cielo brillante,
y caminé entre la realidad con los brazos hacia el cielo;
entonces amé la ternura de tu voz y de tus ojos, entonces amé.
`Cuando duele... es amor´
::