Rafael Chavez
Poeta adicto al portal
Éramos dos, los que dibujábamos filigrana a la natura.
Sin miramientos ni espantos sociales.
Solos los dos, convertíamos a las cabriolas
en vuelos de avanzadas galácticas de estrellas.
Nos amamos sin pensar en las diatribas,
las quejas de moral las dejamos para después.
Si rompemos el silencio de la noche.
¿Qué nos importa?
Son nuestras querencias el motivo de la vida.
Nuestras almohadas el confesionario.
Entonces, dejemos en el viento las ganas,
bebamos nuestra sabia de besos mutuos.
Donde el sabor penetre no la piel ni el vientre.
Que carcoma los huesos y las ideas.
Para que ambos sucumbamos a la agonía de los quejidos.
Sin miramientos ni espantos sociales.
Solos los dos, convertíamos a las cabriolas
en vuelos de avanzadas galácticas de estrellas.
Nos amamos sin pensar en las diatribas,
las quejas de moral las dejamos para después.
Si rompemos el silencio de la noche.
¿Qué nos importa?
Son nuestras querencias el motivo de la vida.
Nuestras almohadas el confesionario.
Entonces, dejemos en el viento las ganas,
bebamos nuestra sabia de besos mutuos.
Donde el sabor penetre no la piel ni el vientre.
Que carcoma los huesos y las ideas.
Para que ambos sucumbamos a la agonía de los quejidos.
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