Recuerdas que solo eres un recuerdo. Caminas dando traspiés y reprochándote el querer estar en los corazones de quienes con seguridad te han olvidado.
Te sabes una piedra de molino colgada en los cuellos; un cepo hediondo que empapado en células epiteliales se ha ennegrecido por el uso.
Miras una ventana abierta y una mesa dispuesta para seis comensales.
Como siempre tu lugar te aguarda, impoluto y con la copa servida. Y sin embargo detienes tu mano antes de tocar la puerta.
Llevas en tus manos la sangre de tu hermano. Fue un accidente nadie pudo evitarlo y sin embargo te sientes verdugo. Eras tú quien conducía el auto.
Miras tus harapos, respiras hondo y al tiempo de retener una lágrima, sigues caminando.
Te sabes una piedra de molino colgada en los cuellos; un cepo hediondo que empapado en células epiteliales se ha ennegrecido por el uso.
Miras una ventana abierta y una mesa dispuesta para seis comensales.
Como siempre tu lugar te aguarda, impoluto y con la copa servida. Y sin embargo detienes tu mano antes de tocar la puerta.
Llevas en tus manos la sangre de tu hermano. Fue un accidente nadie pudo evitarlo y sin embargo te sientes verdugo. Eras tú quien conducía el auto.
Miras tus harapos, respiras hondo y al tiempo de retener una lágrima, sigues caminando.