camicho
Poeta asiduo al portal
Y solo es una lágrima más
de esta flor marchita , que seca ,
cuando se funden el deseo
y el intenso palpitar se destaca.
Y no sólo es un pétalo que se desprende,
levitando al tiempo
que la agitada voz lo estremece
y me estremece, cuando se pierde en el viento;
en aquella sombra,
que destaca por ser tan volátil
como los momentos ávidos de gozo,
como la flor marchita que solloza
que se fragmenta, tan frágil;
es la decepción que emerge,
es la impotencia de avivar lo ya marchito.
Mas que una mirada vacía
que evidencia brotes de tristeza,
está el recuerdo etéreo
de elementos que se esculpen
Intentando ser uno,
como objetivo tácito;
obviando y destruyendo mundos.
Luego de embriagadora tormenta
de elección mutua parece ser el silencio.
La distancia se manifiesta con el rocío
sobre los pétalos resecos,
que precipitan y asientan
donde las sombras encubrieron el hecho.
El verano, cómplice, dirá que hizo una pausa
para brindar un invierno;
tan cálido para volverse tan gélido.
No es casualidad que hoy marchite el alma
cuando la embarga la calma
y vencida por el dolor veas sus lágrimas.
Una mirada evasiva
sin respuesta a aquella ternura vertida.
Solo queda el eco de instancias previas,
afluencia de lágrimas que se llevan el sudor;
que deslizan por el rostro;
que lo acarician, sin ánimo , de consuelo darle.
Se prioriza continuar;
sobre la hierba húmeda testigo,
sobre el pasado que reprocha;
a donde parece estar la luz ,
hacia el inicio del sendero.
Para volver a empezar,
para este ocaso olvidar.
El camino abraza mis pasos.
Es tan difícil continuar
y es por este amor que sobre mi pesa.
Ahora que levantar la cabeza,
no puedo.
Que sobre las rodillas sopesa ;
ahogado en aquel silencio
de exquisita lujuria y pena.
Se desploma el alma ,
con el cuerpo acuestas;
sobre aquel sendero de hierba y tierra.
Hierba sedienta y ajena.
Tierra que ahora captura mis lágrimas
y las encierra.
Un silencio con respuesta de ¿por qué?
De la mano con su mano sería la respuesta;
de la risa en vez de llanto , verías,
y de un canto mil preguntas
alegres y constantes harías;
después de tanto florecer
sobre la piel , que con prisa y sin talento
se puede tallar hasta envejecer.
Cosas opuestas; como este viento,
reclama su ofrenda y desprende
los últimos pétalos resecos;
son las que se dan lugar para el olvido.
Y aunque las manos lo recuerdan mejor.
Obligadas están a callar
para que la dicha pueda continuar.
A la distancia de este par.
de esta flor marchita , que seca ,
cuando se funden el deseo
y el intenso palpitar se destaca.
Y no sólo es un pétalo que se desprende,
levitando al tiempo
que la agitada voz lo estremece
y me estremece, cuando se pierde en el viento;
en aquella sombra,
que destaca por ser tan volátil
como los momentos ávidos de gozo,
como la flor marchita que solloza
que se fragmenta, tan frágil;
es la decepción que emerge,
es la impotencia de avivar lo ya marchito.
Mas que una mirada vacía
que evidencia brotes de tristeza,
está el recuerdo etéreo
de elementos que se esculpen
Intentando ser uno,
como objetivo tácito;
obviando y destruyendo mundos.
Luego de embriagadora tormenta
de elección mutua parece ser el silencio.
La distancia se manifiesta con el rocío
sobre los pétalos resecos,
que precipitan y asientan
donde las sombras encubrieron el hecho.
El verano, cómplice, dirá que hizo una pausa
para brindar un invierno;
tan cálido para volverse tan gélido.
No es casualidad que hoy marchite el alma
cuando la embarga la calma
y vencida por el dolor veas sus lágrimas.
Una mirada evasiva
sin respuesta a aquella ternura vertida.
Solo queda el eco de instancias previas,
afluencia de lágrimas que se llevan el sudor;
que deslizan por el rostro;
que lo acarician, sin ánimo , de consuelo darle.
Se prioriza continuar;
sobre la hierba húmeda testigo,
sobre el pasado que reprocha;
a donde parece estar la luz ,
hacia el inicio del sendero.
Para volver a empezar,
para este ocaso olvidar.
El camino abraza mis pasos.
Es tan difícil continuar
y es por este amor que sobre mi pesa.
Ahora que levantar la cabeza,
no puedo.
Que sobre las rodillas sopesa ;
ahogado en aquel silencio
de exquisita lujuria y pena.
Se desploma el alma ,
con el cuerpo acuestas;
sobre aquel sendero de hierba y tierra.
Hierba sedienta y ajena.
Tierra que ahora captura mis lágrimas
y las encierra.
Un silencio con respuesta de ¿por qué?
De la mano con su mano sería la respuesta;
de la risa en vez de llanto , verías,
y de un canto mil preguntas
alegres y constantes harías;
después de tanto florecer
sobre la piel , que con prisa y sin talento
se puede tallar hasta envejecer.
Cosas opuestas; como este viento,
reclama su ofrenda y desprende
los últimos pétalos resecos;
son las que se dan lugar para el olvido.
Y aunque las manos lo recuerdan mejor.
Obligadas están a callar
para que la dicha pueda continuar.
A la distancia de este par.