Antonio González
Poeta recién llegado
Y te vi bailar bajo la luna.
Mi corazón como un alma en pena.
Y te vi danzar como una duna.
Tu cuerpo como una estela
rozando la madrugada
de mi esperanza,
cayendo la noche
a mis pies.
A oscuras.
Y te vi cantar a la amargura.
Mi razón perdida entera.
Y te vi llorar sin tener cura.
Falto de toda destreza,
sin esperanza,
sin madrugada,
sumido en la noche,
otra vez.
A oscuras.
Y te vi pedir a la cordura.
Mi corazón como una patera.
Y te vi llegar a la locura.
Hundida sin darse cuenta
de que necesitabas
ser amada;
en la noche.
Querer.
A oscuras.
Y te vi reír, estabas desnuda.
Mi llanto por mi ceguera.
Y vi tu piel, amarga dulzura.
Mi dolor por no tenerla
a la mía pegada,
hasta la madrugada,
esta noche.
Sin ver.
A Oscuras.
Y te vi volar como una pluma.
Mis pecados me condenan.
Y te vi caer sobre mi tumba.
En vida de flores llena,
con la llegada,
vaticinada
de la noche
sin dosel.
A oscuras.
Mi corazón como un alma en pena.
Y te vi danzar como una duna.
Tu cuerpo como una estela
rozando la madrugada
de mi esperanza,
cayendo la noche
a mis pies.
A oscuras.
Y te vi cantar a la amargura.
Mi razón perdida entera.
Y te vi llorar sin tener cura.
Falto de toda destreza,
sin esperanza,
sin madrugada,
sumido en la noche,
otra vez.
A oscuras.
Y te vi pedir a la cordura.
Mi corazón como una patera.
Y te vi llegar a la locura.
Hundida sin darse cuenta
de que necesitabas
ser amada;
en la noche.
Querer.
A oscuras.
Y te vi reír, estabas desnuda.
Mi llanto por mi ceguera.
Y vi tu piel, amarga dulzura.
Mi dolor por no tenerla
a la mía pegada,
hasta la madrugada,
esta noche.
Sin ver.
A Oscuras.
Y te vi volar como una pluma.
Mis pecados me condenan.
Y te vi caer sobre mi tumba.
En vida de flores llena,
con la llegada,
vaticinada
de la noche
sin dosel.
A oscuras.
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