JOSE MANUEL SAIZ
Poeta asiduo al portal
Y TÚ DE REPENTE
Ayer te vi pasar frente a mi.
Treinta años después
al cabo de media vida sin esperarlo,
en un instante, de repente
¡tú!
Descabalgaron de mi mente
cien jinetes a tu paso,
robando como bandidos,
los latidos de mi corazón.
Estabas tan distinta
Ya no eras aquella niña
que reía mis bobadas de joven adolescente.
Pero seguías siendo, a pesar de todo,
la hermosa princesa rosa
de mis sueños incipientes.
Y tú, la de ahora,
llevabas como entonces
aquella aurora azul,
asomando como una luz luz,
por los labios de tu boca.
La ciudad, como nunca enloquecida,
se detuvo ante ti por un segundo.
O tal vez no se detuvo.
Porque tú, al frente de mi espejismo,
caminabas como una Diosa
sobre calles invisibles.
La gente, los coches, los edificios
todo se vin abajo en un momento
bajo el influjo de tus pasos.
Treinta años después
media vida por delante, sin esperarlo,
en un instante de repente
¡tú!
Un autobús, al que no vi,
me previno con su claxon
a un suspiro de arrollarme.
Pues deberían colocar en las ciudades
semáforos rojos e intermitentes,
con luminosos corazones rotos,
que adviertan del peligro que conlleva,
encontrar un viejo amor
cruzando en ese instante las aceras.
Pues el poeta urbano tiene,
los pies hollando la tierra,
el alma volando cometas
y la mente viajando libre, lejos,
en un jardín del limbo en las afueras
Lo digo tan solo como ocurrencia
y como posible advertencia
de futuros accidentes.
--oOo--
Ayer te vi pasar frente a mi.
Treinta años después
al cabo de media vida sin esperarlo,
en un instante, de repente
¡tú!
Descabalgaron de mi mente
cien jinetes a tu paso,
robando como bandidos,
los latidos de mi corazón.
Estabas tan distinta
Ya no eras aquella niña
que reía mis bobadas de joven adolescente.
Pero seguías siendo, a pesar de todo,
la hermosa princesa rosa
de mis sueños incipientes.
Y tú, la de ahora,
llevabas como entonces
aquella aurora azul,
asomando como una luz luz,
por los labios de tu boca.
La ciudad, como nunca enloquecida,
se detuvo ante ti por un segundo.
O tal vez no se detuvo.
Porque tú, al frente de mi espejismo,
caminabas como una Diosa
sobre calles invisibles.
La gente, los coches, los edificios
todo se vin abajo en un momento
bajo el influjo de tus pasos.
Treinta años después
media vida por delante, sin esperarlo,
en un instante de repente
¡tú!
Un autobús, al que no vi,
me previno con su claxon
a un suspiro de arrollarme.
Pues deberían colocar en las ciudades
semáforos rojos e intermitentes,
con luminosos corazones rotos,
que adviertan del peligro que conlleva,
encontrar un viejo amor
cruzando en ese instante las aceras.
Pues el poeta urbano tiene,
los pies hollando la tierra,
el alma volando cometas
y la mente viajando libre, lejos,
en un jardín del limbo en las afueras
Lo digo tan solo como ocurrencia
y como posible advertencia
de futuros accidentes.
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::, DeRepentismos::
:: que disuelven décadas y se hacen Motivo de versos nostálgicos... ¡y bellos como éstos!