cipres1957
Poeta veterano en el portal
El gran Federico García Lorca, tuvo la genial inspiración de una de las maravillas de la poesía; hoy mis humildes versos inspirados en ella solo pretenden darle un tinte diferente sin el ánimo de ofender a su memoria.
Debajo de sauces llorones, al recodo de ese río
su voz arrullo de alondra alborotaba mi estío,
sus gráciles manos de niña, repasaban su vestido
adornados bellamente, con hilos de oro bruñido.
Sus mejillas flores de ceibo; rojo carmín encendidas,
mirada soñadora ausente como seduciendo vidas;
febril inspiración de poetas, preludio de sinfonía
y en la vida de los sueños, era trova su armonía.
Le regalé un ramillete de magnolias cultivadas
en el balcón de mi anhelo por atraer su mirada,
distraída en la presencia del río que se llevaba
la colores de la tarde y el sol que se retiraba.
Bajé mis ojos curiosos, hasta el final de su espalda
que asomaba tibiamente por el hueco de su falda;
cuando recostó su cuerpo sobre la manta de lino
pude ver la tentación que señalaba el camino.
Ratos de siglos pasaron, entre su rubor y mi descuido,
cuando mis manos desubicaron con ansiedad su vestido;
¡Caramba! exclamé sorprendido. ¿Tu nombre?...Darío
Y yo creyendo que era mozuela...¡ me lo llevé al río!
Debajo de sauces llorones, al recodo de ese río
su voz arrullo de alondra alborotaba mi estío,
sus gráciles manos de niña, repasaban su vestido
adornados bellamente, con hilos de oro bruñido.
Sus mejillas flores de ceibo; rojo carmín encendidas,
mirada soñadora ausente como seduciendo vidas;
febril inspiración de poetas, preludio de sinfonía
y en la vida de los sueños, era trova su armonía.
Le regalé un ramillete de magnolias cultivadas
en el balcón de mi anhelo por atraer su mirada,
distraída en la presencia del río que se llevaba
la colores de la tarde y el sol que se retiraba.
Bajé mis ojos curiosos, hasta el final de su espalda
que asomaba tibiamente por el hueco de su falda;
cuando recostó su cuerpo sobre la manta de lino
pude ver la tentación que señalaba el camino.
Ratos de siglos pasaron, entre su rubor y mi descuido,
cuando mis manos desubicaron con ansiedad su vestido;
¡Caramba! exclamé sorprendido. ¿Tu nombre?...Darío
Y yo creyendo que era mozuela...¡ me lo llevé al río!