Se murió el siglo XX
y yo pensándote...
Yo, terco,
siempre pensándote:
En los crepúsculos,
en las auroras,
en las oscuras,
en las tardes oblongas.
Pensándote nunca:
Cuando me acompañabas,
en mis alegrías,
en mis tertulias,
en mis triunfos,
en mis mares
de lágrimas
y de risas.
Los años perecen
suplicando compasión...
Mi niñez quería
ser inmortal...
Mi felicidad lacónica
también murió...
Mi abuelo
se tendió en paz...
Hasta tu misma
inclinación caprichosa...
¡Se murieron!
y yo pensándote...
Y ahora mi poesía
agoniza avergonzada
delante de tus pechos...
Ya no puedo,
¡escribir no puedo!
Tus imágenes
encadenaron mis manos.