F. CABALLERO SÁNCHEZ
Poeta recién llegado
Ya... es el otro mundo
Caminamos muy deprisa
atravesando los campos
de nuestra vida social:
niño, mozuelo, soldado,
trabajador entusiasta,
conquistador… conquistado
y constructor del futuro
de un rincón de enamorados.
Padre de peso en la casa,
de tus hijos, rodeado,
consejero responsable
y, a veces, hasta cansado
resolviendo los problemas
que van surgiendo a tu paso.
Y van creciendo los hijos,
y van sumando tus años
y cuando menos lo piensas…
te encuentras ya… jubilado.
Y puede que tengas suerte
si te mantienes centrado...,
sin estar torpe ni triste
ni enfermo ni desquiciado.
Y, si tienes la fortuna
(y mantiene iguales pasos)
la mujer de tus amores,
la que te endulza los años,
la que en silencio te quiere…
podría estar a tu lado
procurándote una manta,
si aprecia que estás helado,
o te tapa por las noches
o cuida de tu peinado
o te da los pantalones
y tus calcetines largos,
cuando sales a la calle…
si es que el tiempo está cambiando.
Ya sólo quedáis los dos,
vuestros polluelos… volaron.
Uno del otro os cuidáis
como dos enamorados
que circulan… en silencio.
Tu mujer anda despacio
porque le duelen los pies
y los costillas de un lado.
¡Se va cambiando el capítulo
del mundo que habíais forjado!:
¡aquel mundo bullicioso
de sonrisas y trabajos,
de proyectos e ilusiones
continuas… año tras año…
por un mundo… más sereno,
más tranquilo, más templado,
donde los dos que en él viven
se miran… y están hablando
sus ojos sin la palabra,
porque el silencio es el amo…
Y donde… los recuerdos galopan…
galopan… ¡siempre galopan
en corceles desbocados!
Caminamos muy deprisa
atravesando los campos
de nuestra vida social:
niño, mozuelo, soldado,
trabajador entusiasta,
conquistador… conquistado
y constructor del futuro
de un rincón de enamorados.
Padre de peso en la casa,
de tus hijos, rodeado,
consejero responsable
y, a veces, hasta cansado
resolviendo los problemas
que van surgiendo a tu paso.
Y van creciendo los hijos,
y van sumando tus años
y cuando menos lo piensas…
te encuentras ya… jubilado.
Y puede que tengas suerte
si te mantienes centrado...,
sin estar torpe ni triste
ni enfermo ni desquiciado.
Y, si tienes la fortuna
(y mantiene iguales pasos)
la mujer de tus amores,
la que te endulza los años,
la que en silencio te quiere…
podría estar a tu lado
procurándote una manta,
si aprecia que estás helado,
o te tapa por las noches
o cuida de tu peinado
o te da los pantalones
y tus calcetines largos,
cuando sales a la calle…
si es que el tiempo está cambiando.
Ya sólo quedáis los dos,
vuestros polluelos… volaron.
Uno del otro os cuidáis
como dos enamorados
que circulan… en silencio.
Tu mujer anda despacio
porque le duelen los pies
y los costillas de un lado.
¡Se va cambiando el capítulo
del mundo que habíais forjado!:
¡aquel mundo bullicioso
de sonrisas y trabajos,
de proyectos e ilusiones
continuas… año tras año…
por un mundo… más sereno,
más tranquilo, más templado,
donde los dos que en él viven
se miran… y están hablando
sus ojos sin la palabra,
porque el silencio es el amo…
Y donde… los recuerdos galopan…
galopan… ¡siempre galopan
en corceles desbocados!
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